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El año de «Los domingos»

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Escrito por Federico Marín Bellón
Publicado: 11 Marzo 2026

«Los dilemas de difícil respuesta son mi estímulo», cuenta Alauda Ruiz de Azúa, directora y guionista de la película

Avance

Con permiso de Sirat, que también ha mantenido una trayectoria espectacular, la temporada de premios ha certificado que Los domingos es nuestra película del año. En la gala de los Goya fue la gran triunfadora, con cinco premios. Carreras aparte, son dos títulos renovadores. Uno ha causado impacto internacional y el otro nos ha removido por dentro.

Enseguida surge una pregunta: ¿cómo puede una película tan modesta causar un revuelo tan grande? En primer lugar, porque el largometraje de Alauda Ruiz de Azúa es una obra extraordinaria en sentido estricto. Literal, que diría cualquier espectador con la edad de la protagonista. Los domingos se sale de lo normal en tantas facetas que su rareza multiplica los efectos de una calidad que pocos tendrán ganas de discutir. Pese a todo, podemos debatirlo un poco

Artículo

Lo primero que sorprende de Los domingos es el tema que aborda. Una chica de 17 años siente la llamada de Dios y se plantea ingresar en un convento; quiere ser monja de clausura. Se habla mucho de la «moda de la fe», comentada en el

Preguntas clave

«Los dilemas de difícil respuesta son mi estímulo», cuenta Alauda Ruiz de Azúa. La duda que traslada a su público es sencilla y perturbadora: ¿por qué una joven elegiría el silencio y el encierro en el mundo actual?

En buena parte, la pregunta se responde sola. Estamos todos tan abrumados por el ruido que ni siquiera es difícil entender sus razones, pero el factor religioso le añade una capa de misterio: ¿por qué querría una chica que empieza a explorar los placeres de la vida adulta renunciar «a todo» para entregar su vida a Dios?

Alauda Ruiz de Azúa ya demostró en la película Cinco lobitos y en la serie Querer que escribe y dirige cine con una elegancia natural. Aquí vuelve a perseguir la verdad antes que el impacto. A partir de sus legítimas interrogantes, erige una película brillante e inteligencia, en la que confronta argumentos irreconciliables con serenidad y un elevado sentido de la justicia. 

Gentil e incómoda

Los domingos es una película para todos los públicos precisamente porque su propósito no es complacer a ninguno. El espectador católico puede ir a verla sin miedo, una tranquilidad sorprendentemente infrecuente. Ateos, agnósticos y descreídos en general también verán atendido su escepticismo. Al mismo tiempo, unos y otros tendrán derecho a sentirse heridos en algún instante, pero ninguno podrá acusar a la directora de crueldad por obligarles a retomar un ejercicio tan olvidado como entender (¿amar?) al prójimo. 

No es solo que Ruiz de Azúa tenga ojos para descubrir dilemas esenciales donde otros no ven nada, sino que luego se documenta para exponer puntos de vista opuestos con una firmeza que, en última instancia, pone a pensar al público más perezoso. Una vez dentro de la película —entrar en ella no es difícil en absoluto—, es imposible no reflexionar. Solo por eso ya merece todos los premios del mundo. 

Como tiene talento de sobra para ello, Ruiz de Azúa no descuida los detalles técnicos y artísticos, toma decisiones meditadas, la mayoría invisibles, pero que refuerzan el resultado final. No es un logro menor —aunque palidezca al lado de su virtud principal, encontrar la cicatriz y abrirla sin causar daños con un espíritu sanador— completar una obra en la que todos los actores brillan.

Es casi un asunto banal al lado de otras conquistas, pero Patricia López Arnaiz encarna con su habitual energía la combatividad laica de la tía Maite, Miguel Garcés está convincente como padre superado por la situación y Nagore Aramburu, la madre priora, es tan eficaz y poco complaciente como la propia película. Es una actriz fantástica, que por suerte Alauda ha puesto de moda.  

Desde el punto de vista narrativo, Los domingos tiene otra cualidad esencial. En ese mundo de recogimiento y dudas interiores, en teoría tan poco fotogénico, donde además deja fuera de campo innumerables recursos, la trama avanza con aparente lentitud. Y sin embargo, el filme atrapa la atención del espectador de principio a fin. Causa casi asombro lograr una obra tan entretenida, en el buen sentido del término, sin los tics habituales del cine-espectáculo. Pese a su exigencia, hay más personas que la rechazan por su posición ante la fe, de uno y otro lado, que espectadores aburridos.

‘Los domingos, una película buena’

Y por supuesto, la cinta permite que cada espectador haga su propia lectura, lo que a algunos también les molesta. No es proselitista ni maniquea, plantea diferentes modos de entender la vida sin tratar de imponer el suyo. Es respetuosa y está bien documentada. Podrá ofender, pero esa es su última intención. Que alguien actúe así ya lo exime de cualquier incomodidad colateral.

La película se puede ver todavía en numerosos cines y está disponible en Movistar Plus+. Este artículo fue escrito antes de la gala de los Premios Goya, celebrada el 1 de marzo, donde era candidata a 13 premios, de los que se llevó cinco: mejor película, dirección, guion (estos dos últimos para Alauda Ruiz de Azúa), actriz protagonista (Patricia López Arnaiz) y actriz de reparto (Nagore Aramburu).

Federico Marín Bellón en nuevarevista.net

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