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Violeta se fue a los cielos

Violeta se fue a los cielos

Violeta se fue a los cielos
  • Público apropiado: Adultos
  • Valoración moral: Con inconvenientes
  • Año: 2013
  • Dirección: Andrés Wood
Contenidos: Imágenes (algunas X), Ideas (pesimismo antropológico, trascendencia ausente F)

Dirección: Andrés Wood. Países: Chile, Argentina y Brasil. Año: 2011. Duración: 110 min. Género: Biopic. Interpretación: Francisca Gavilán (Violeta Parra), Thomas Durand (Gilbert), Christian Quevedo (Nicanor Parra), Gabriela Aguilera (Hilda Parra), Roberto Farías (Luis Arce). Guion: Eliseo Altunaga, Rodrigo Bazaes, Guilermo Calderón y Andrés Wood; adaptación libre del libro de Ángel Parra. Producción ejecutiva: Paula Cosenza, Denise Gomes, Patricio Pereira, Pablo Rovito y Fernando Sokolowicz. Música: Violeta Parra. Fotografía: Miguel Ioan Littin. Montaje: Andrea Chignoli. Dirección artística: Rodrigo Bazaes. Distribuidora: Surtsey Films. Estreno en Chile: 11 Agosto 2011. Estreno en España: 5 Julio 2013.

Reseña:

   Cantautora, pintora, poeta, bordadora, escultora y ceramista, la chilena Violeta Parra (1917-1967) está considerada una de las folcloristas más importantes de América y la gran difusora por el mundo de la música popular de su país. Esta película de su compatriota Andrés Wood (“Historias de fútbol”, “El desquite”, “La fiebre del loco”, “Machuca”, “La buena vida”) repasa la vida y la obra de Violeta Parra (Francisca Gavilán) a partir del libro homónimo de Ángel Parra, el hijo mayor de la cantautora. Descubrimos así sus secretos, miedos, frustraciones y alegrías, al tiempo que rememoramos su dura infancia campesina —era hija del maestro de pueblo y cantante Nicanor Parra (Christian Quevedo), y de la india Clarisa Sandoval (Ana Fuentes)—; sus inicios como cantante de feria junto a su hermana Hilda (Gabriela Aguilera); y sus siempre conflictivas relaciones con su alcohólico padre, su tosco segundo marido Luis Arce (Roberto Farías) y su gran amante, el musicólogo y antropólogo suizo Gilbert Favre (Thomas Durand). Y saltamos de su consagración internacional como compositora y artista en París —con exposición individual en el Museo del Louvre—, a su triste suicidio en 1967, con sólo 49 años de edad, después de que Gilbert se marchara a Bolivia y de que fracasara el centro de cultura folclórica que ella misma había instalado en una gran carpa, situada en la comuna de La Reina, en el extrarradio de Santiago de Chile.

   Colón de Plata al mejor director y a la mejor actriz en el Festival de Huelva 2011, candidata a los Premios Goya y Ariel 2011 a la mejor película iberoamericana, y Gran Premio Internacional del Jurado en el Festival de Sundance 2012, la película goza de una sensacional interpretación de Francisca Gavilán, que resuelve con nota la compleja caracterización de Violeta Parra, sobre todo en sus magníficas versiones de los grandes temas de la cantauora: “Gracias a la vida”, “Volver a los diecisiete”, “El gavilán, gavilán”, “Maldigo del alto cielo”… También la ambientación es esmerada, lo mismo que la densa puesta en escena de Wood, más bien hiperrealista, pero con mágicos toques oníricos, en los que aprovecha muy bien los áridos paisajes de la Cordillera de los Andes.

   Sin embargo, el conjunto padece una estructura narrativa demasiado complicada y reiterativa, con constantes idas y venidas en el tiempo, en la que parece que Andrés Wood ha seguido demasiado al pie de la letra aquel consejo de la propia Violeta Parra: “Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate al piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”. Se perdonaría este notable caos expositivo, esta ausencia de “plan de vuelo”, si el guion conmocionara hasta la lágrima; pero no es así por culpa de su tono nada hagiográfico, más expositivo que valorativo, y en el que, sorprendentemente, no sale muy bien parada la propia Violeta Parra, presentada como una artista brillante, intuitiva y de gran creatividad, pero como una mujer egoísta, promiscua, hosca, obsesiva, un tanto bipolar y nada fácil de tratar. Todo ello, visto además desde una perspectiva muy pesimista de la condición humana, casi nada trascendente, levemente crítica hacia la Iglesia católica y, a la postre, absolutamente desoladora. Menos clara queda en el filme la vinculación de Violeta Parra con el Partido Comunista, pues Wood prefiere enmarcar su comprometida preocupación social en el contexto de su supuesta libertad de espíritu.(Cope  J. J. M.)