Almudi.org
  • Inicio
  • Libros
  • Películas
    • Estrenos de CINE
    • Estrenos de DVD - Streaming
    • Series de TV
  • Recursos
    • Oración y predicación
    • La voz del Papa
    • Infantil
    • Documentos y libros
    • Opus Dei
    • Virtudes
    • Kid's Corner
  • Liturgia
    • Misal Romano
    • Liturgia Horarum
    • Otros Misales Romanos
    • Liturgia de las Horas
    • Calendario Liturgico
    • Homilías de Santa Marta
  • Noticias
  • Almudi
    • Quiénes somos
    • Enlaces
    • Voluntariado
    • Diálogos de Teología
    • Biblioteca Almudí
  • Contacto
    • Consultas
    • Colabora
    • Suscripciones
    • Contactar
  • Buscador
  1. Noticias
  2. Y otra ideología

Y otra ideología

Expirado
Escrito por: Rafael María de Balbín
Publicado: 18 Julio 2016

Una ideología no es simplemente un convincente conjunto de ideas, sino “un sistema cerrado de ideas que se postula como modelo según el cual ha de reestructurarse toda la vida humana en sociedad”

De todas las épocas es la disyuntiva cultural entre el realismo y el subjetivismo. Esa disyuntiva se ha hecho más aguda en los últimos siglos.

El realismo observa que el mundo guarda un orden propio, que presupone una inteligencia ordenadora. Hay un orden natural y objetivo. El hombre (material y espiritual) puede modificar el mundo y a sí mismo, pero no contra naturam (vgr. con la promiscuidad sexual).

El subjetivismo considera que es el propio sujeto el que da sentido al mundo exterior: al derribar el árbol le doy sentido haciendo una mesa. Niega la naturaleza: todo es cultura, creación humana. El hombre sería una materia informe y manipulable: hay que hacer caso omiso de su dignidad, libertad y racionalidad. El que admite una naturaleza humana es “cavernícola”, “fundamentalista” y “retrógrado”.

Producto del subjetivismo son las ideologías. Una ideología no es simplemente un convincente conjunto de ideas, sino “un sistema cerrado de ideas que se postula como modelo según el cual ha de reestructurarse toda la vida humana en sociedad” (J. Scala). La realidad ha de ser definida por la ideología.

Una ideología parte de un premisa indemostrada e indemostrable. Así en las ideologías que hemos padecido en el siglo XX. En el comunismo marxista, con la premisa de la lucha de clases como fuente del progreso. Y en el nazismo hitleriano con la premisa de la superioridad de la raza aria. La ideología se impone mediante la manipulación, violenta o propagandística; ya que el ideólogo se considera como una especie de salvador de la humanidad.

Los comienzos del siglo XXI nos han propinado el avance de una nueva ideología, aliada con el relativismo ambiental: la ideología de género. El modo actual de difusión de una ideología consiste en la manipulación del lenguaje. No matizan los conceptos y no prueban lo que afirman. Utilizan palabras talismán, cargadas de equivocidad, tales como discriminador, sexista, homófobo, género (en lugar de sexo). Se busca un término equívoco, y se va instalando la vieja palabra con un sentido nuevo, desde la escuela (alumnos, profesores) a los medios masivos de comunicación (lectores, televidentes, etc.).

La ideología de género se ha infiltrado en los diversos partidos, liberales o socialistas, al amparo del relativismo doctrinal, de la ambición de poder y de los intereses económicos. Se le da al pueblo pan y circo: con una educación sexual permisiva, pornografía y anticonceptivos gratuitos (degradación de la voluntad). Y con abandono de las humanidades (degradación de la inteligencia). A través de la escuela y de los medios de información, de opinión y de entretenimiento, se busca un “pensamiento único” que vaya elaborando lo “políticamente correcto”. Al final las masas mantienen el viejo vocablo, pero le dan un nuevo contenido.  

La Academia de la Lengua ha declarado que el género es sólo una categoría gramatical, con tres géneros: masculino, femenino y neutro. Pero que se está buscando que sea una categoría antropológica, el sexo psicológico o género, que acabe desplazando al sexo natural. El género es sólo una propiedad de sustantivos y pronombres. Para los humanos debe emplearse el término sexo. Las personas no tienen género, sino sexo. Por otra parte que las reiteraciones en el lenguaje son innecesarias y redundantes (miembros y miembras, comadronas y comadronos). Y que la arroba no es una letra, sino un signo del correo electrónico (estimados señor@s).

Rafael María de Balbín

Artículo anterior: Las bienaventuranzas (IV): la revolución de los mansos Anterior Artículo siguiente: ‘Para ser feliz se necesita una personalidad madura’ Siguiente

Colabora con Almudi

Quiero ayudar
ARTÍCULOS
  • «A largo plazo, la xenofobia se vuelve totalmente autodestructiva»
    Mariana Toro Nader
  • La amistad elemento clave de la comunicación y de la relación
    Gloria Gallego Jiménez y Salvador Vidal Raméntol
  • Ratzinger y Polo, dos pensadores a la altura de nuestro tiempo
    Alberto Sánchez León
  • Fundamentos bíblicos de la devoción al Corazón de Jesús
    Cristóbal Sevilla Jiménez
  • La belleza salvará al mundo; me salvó a mí
    Dominic Tanzillo
  • La intervención estatal, la regulación económica y el poder de policía
    Leonardo F. Massimino
  • Historias para reconciliar. Una metodología basada en Storytelling
    Sindy Paola Cortés Barrios, Mario Fernando Guerrero Gutiérrez y Heidy Milena Díaz Martínez
  • Una crítica sustancial del marxismo
    Jorge Uscatescu
  • “Experiencias de Dios” en la vida cotidiana
    Trinidad León
  • La importancia de ser humano
    Jorge V. Arregui
  • «Bodas de sangre» y sus elementos trágicos
    Luis González del Valle
  • Acontecer y acontecimiento en Nietzsche
    Luis Eduardo Gama Barbosa
  • Importancia de la familia en Perú: Un análisis de la realidad a partir de datos estadísticos
    Jorge Rafael Diaz Dumont
  • Palabra de Dios, palabra del hombre
    Martín Gelabert Ballester
  • Libertad y dignidad de la persona humana
    Martín Kriele
MÁS ARTÍCULOS

Copyright © Almudí 2014
Asociación Almudí, Pza. Mariano Benlliure 5, entresuelo, 46002, Valencia. España

  • Aviso legal
  • Política de privacidad