La comunidad cristiana ha de responder actualmente a importantes desafíos, siempre sobre la base de que, aun donde la familia recibe más ataques o silencios que apoyos, no falta una auténtica nostalgia por su gran bien

No parece casual el lanzamiento de un referéndum en Irlanda, casi en vísperas de la próxima jornada mundial de las familias. Acudirá el papa Francisco, como hizo en la edición anterior, y en la estela de sus predecesores, desde la instauración de ese día por Juan Pablo II.

Es bien conocido el esfuerzo del papa para fortalecer la familia desde todos los ángulos posibles, antes y después de los últimos sínodos episcopales y la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Insistió hasta en el mensaje dirigido el pasado 12 de enero al Profesor Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, antes de la reunión anual en Davos. Tras lamentar “el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica”, considera el papel clave de la familia, al afirmar que “es vital salvaguardar la dignidad de la persona humana, en particular ofreciendo a todos oportunidades reales para el desarrollo humano integral y aplicando políticas económicas que favorezcan a la familia”.

A finales de enero dirigió otra carta al Gran Canciller del Instituto teológico Juan Pablo II para las ciencias del matrimonio y de la familia, con motivo de la inauguración de la cátedra Gaudium et Spes en ese centro académico. Francisco no deja de recordar el cariño de su predecesor a ese documento conciliar, no sólo por los temas, sino por su participación directa en la elaboración, cuando era un joven obispo de Cracovia. Y señala que matrimonio y familia, “realidades fundamentales de la existencia humana” ─en comillas, aunque traduzco del italiano─, “fueron puestas por los Padres conciliares en primer lugar entre los ‘problemas contemporáneos particularmente urgentes’ (GS, 46). Se puede decir que, en Gaudium et Spes, la Iglesia ha expresado una comprensión profundamente renovada del evangelio de la familia, que, a través de varias etapas, nos ha conducido al intenso tiempo sinodal que dio lugar a la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia”.

La comunidad cristiana ha de responder actualmente a importantes desafíos en este campo, siempre sobre la base de que, aun donde la familia recibe más ataques o silencios que apoyos, no falta una auténtica nostalgia por su gran bien. Lo pensaba al leer una crónica del diario La Croix titulada “El pacs progresa, el matrimonio resiste”. En 1999 el socialista Lionel Jospin promovió esa figura, “pacto civil de solidaridad”, pensando en las uniones de hecho homosexuales, aunque abierta a parejas de distinto sexo. Por paradoja, ha ido creciendo el uso de ese contrato, incluso tras generalizarse el estatuto del matrimonio civil, en tiempos de François Hollande. Según las estadísticas oficiales, en 2017, 221.000 heterosexuales contrajeron matrimonio, y 184.000 recurrieron al pacs. Las uniones entre personas del mismo sexo se reparten entre 7.000 matrimonios y otros tantos pacs. A juicio del sociólogo Christophe Giraud, el avance numérico del pacs no disminuye el prestigio emblemático del matrimonio, como compromiso ante la sociedad y ante Dios, cuando se celebra en la Iglesia.

El trabajo de la nueva cátedra romana se inscribe dentro de la importancia de “generar espacios de encuentro y diálogo ─también de alto perfil intelectual─ en los que comprobar hasta qué punto la comunidad eclesial es capaz de dar carne y sangre a las palabras con las que el Vaticano II expresó su mirada a los hombres de su tiempo: 'Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón' (GS, 1)".

Unos días antes, se presentaba en la Sala Stampa de la Santa Sede el material preparado para el encuentro mundial de las familias que tendrá lugar en Dublín del 21 al 26 de agosto. Está disponible en la página del Dicasterio para los laicos, la familia y la vida.

Como señala el prefecto, Cardenal Kevin Farrell, se pretende mostrar cuán actual y profético es el anuncio del Evangelio de la familia, la actualidad de la Palabra de Dios, capaz de iluminar siempre, en todas sus facetas, la vida familiar cotidiana del hogar.

Salvador Bernal, en religionconfidencial.com.