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Una cabeza bien amueblada

Expirado
Escrito por: Alfonso Aguiló
Publicado: 29 Junio 2020

Ganar terreno a la ignorancia mejorando la formación es uno de los grandes retos para la vida de cualquier sociedad, de cualquier institución, de cualquier familia, de cualquier persona

Con el saber, entendido como un serio compromiso de búsqueda de la verdad, vienen siempre al hombre grandes bienes.

La ignorancia, por el contrario, está casi siempre en el origen de los comportamientos autoritarios, de los conflictos absurdos, de las descalificaciones necias, de los insultos y las agresiones. Sobre todo cuando se trata de una ignorancia no reconocida, ya que, como señaló Sócrates, "lo peor del ignorante no es que no sepa, sino que no sepa que no sabe".

La ignorancia es siempre simplificadora, drástica en sus afirmaciones, muy amiga de trivializar, poco aficionada a matices o aclaraciones. Por eso, ganar terreno a la ignorancia mejorando la formación es uno de los grandes retos para la vida de cualquier sociedad, de cualquier institución, de cualquier familia, de cualquier persona.

Como ha señalado el profesor Ibáñez-Martín, una buena formación exige en primer lugar un conjunto de conocimientos que permita mejorar cualitativamente nuestra existencia. No se trata de almacenar datos, no es un simple enciclopedismo, sino lograr un conjunto de saberes bien estructurado: unos amplios conocimientos de la propia especialidad profesional, junto a un deseo universal de tener un mínimo de iniciación a otros saberes.

En segundo lugar, es preciso buscar la formación del juicio: de ese juicio que en ciencia significa espíritu crítico y método, que en arte se llama gusto, y que en la vida práctica se traduce en discernimiento y lucidez.

Junto a esa formación en los conocimientos y en el juicio, es preciso añadir, en tercer lugar, el ejercicio de las virtudes individuales y sociales, así como el cultivo de otras dimensiones humanas, porque bien sabemos que para vivir con acierto no basta con el conocimiento, pues los hombres de bien no se identifican simplemente con los que saben ética, ya que luego hay que poner en práctica lo que se sabe.

La formación debe llevar al hombre a profundizar en su conocimiento y en su identificación con la naturaleza que le es propia. Así tendrá una mejor visión de lo que es oportuno para sí mismo y para la sociedad, y un estímulo para dar lo mejor de sí mismo.

La formación debe despertar en lo más profundo del corazón del hombre una atracción hacia los valores. Debe descubrir la vida como un proyecto que parte de una plataforma que no hemos escogido, pero que discurrirá por los cauces que nos marquemos, puesto que, como afirmaba Ortega, la vida nos ha sido dada, pero no nos ha sido dada hecha.

La formación ha de tener influencia sobre nuestra vida práctica. Ha de llevar a profundizar en esa −por llamarla de alguna manera− filosofía básica que interesa a todos porque todos ansiamos encontrar respuesta a los últimos interrogantes de la existencia del hombre, que se pregunta con frecuencia por el sentido de su vida y de su libertad. Una formación que permita al hombre resolver las dificultades de la vida ordinaria y comprender las líneas generales de los principales problemas de su tiempo.

Alfonso Aguiló, en interrogantes.net.

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