“Así es la mujer, y su oficio es generoso, peligroso y romántico. Su carga es pesada, pero la humanidad ha pensado que valía la pena echar ese peso sobre las mujeres para mantener el sentido común en el mundo” (Chesterton)
Pidieron a Chesterton en una ocasión que escribiera sobre el matrimonio y el pensamiento moderno, y empezó su artículo escribiendo sobre el matrimonio y la “ausencia moderna de pensamiento”. Decía que los que se llaman “modernos” parecían haber abandonado el uso de la razón en buena parte de su comportamiento. Esto sigue siendo de actualidad al ver las manifestaciones convocadas este 8 de marzo en algunas ciudades que reivindican los derechos de la mujer y la eliminación de la violencia de género. Lo que entonces parecía ausencia de pensamiento, podría llamarse ahora esquizofrenia del mismo. Imagino que su primera reivindicación sobre la igualdad se referirá a la que no existe en los países cuya cultura o religión mantiene esa discriminación, o a aquellos que siguen en vías de desarrollo, pero sin duda no a Occidente. En relación a lo segundo, una manifestación (que además suele convertir a todos los hombres en maltratadores) no tiene mucho sentido para la erradicación de un tema que corresponde a la esfera de la educación personal, puesto que las acciones llevadas a cabo hasta ahora por los poderes públicos han tenido un resultado poco acertado ya que, lejos de disminuir, este dato está aumentando. Que esta locura de violencia pare supone un esfuerzo en educar en valores verdaderos, los de verdad, no los de una libertad para hacer lo que uno quiera, no los de fomentar el enfrentamiento, sino aquellos que protegen a la dignidad de todo ser humano, su valor y respeto, rescatando además ese respeto a la mujer, al que muchas han renunciado y que está haciendo daño a otras.
Ya en época de Chesterton la reivindicación exacerbada del reconocimiento de los derechos civiles estaba fuera de lugar, aunque actualmente se ha dado la vuelta a la tortilla pasando a tener la mujer más derechos civiles que el hombre, como por ejemplo, la presunción de inocencia. Chesterton no negaba el diferente trato en ocasiones a la mujer a lo largo de la historia, muy al contrario, se descubre el sombrero antes ellas y daba un valor a la mujer mucho mayor que el que las que presumen de “feministas” se dan a sí mismas.
Reconocía el valor que le da “la naturaleza a la mujer al rodearla de niños muy pequeños que requieren que se les enseñe no cualquier cosa sino todas las cosas” [1]. “Los bebés, no necesitan aprender un oficio, sino que se les enseñe el mundo entero”, añadiendo el valor de la educación en el hogar y la paciencia y sabiduría para educar ya que, “el niño es un ser humano capaz de hacer todas las preguntas posibles, y muchas de las imposibles”.
Sin duda alguna era un gran admirador del papel de la mujer en el hogar a lo largo de la historia como fundamental, admirando todas las actividades que conlleva ser madre, ya que la mujer desarrolla actitudes y tareas de liderazgo, es cocinera, gestora, maestra, administradora, ministro de economía, filósofa, educadora…está todo el día tomando decisiones, y como tan bellamente describe en Esencia de mujer, “la mujer representa la salud mental, el hogar intelectual al que la mente ha de regresar después de cada excursión por la extravagancia. Corregir cada aventura y extravagancia con su antídoto de sentido común no es ─como parecen pensar muchos─ tener la posición de un esclavo. Es estar en la posición de un Aristóteles o de un Spencer, es decir, poseer una moral universal, un sistema completo de pensamiento. Una mujer así tiene que hacer equilibrios para arreglar y resolver casi todo, para adaptarse a lo que haga falta” [2].
Al buscar el significado de esencia, el diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice que la esencia es aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas, lo que es más importante y característico. Si hablamos del ser humano en general, tendremos la capacidad de autoconsciencia, el raciocinio que posibilita la inteligencia y la creatividad, el lenguaje, o la libertad, y en ello coincidimos hombres y mujeres. Pero si hablamos de la esencia femenina, y no me refiero al perfume, distinguiremos los atributos que nos caracterizan como mujeres, y constituyen lo invariable y lo que nos hace ser lo que somos. ¿Por qué tenemos que renunciar a ellos?
Incuestionablemente hay una naturaleza determinada por la biología, que es además inmutable, por mucho que nos disfracemos, y es la capacidad para ser madre, de cuidar, de acompañar, de estar para otros, de salir de nosotras. Esta capacidad se completa con una serie de cualidades que suelen venir de fábrica y que posibilitan, facilitan y ayudan su desempeño, sea de forma biológica o no, a ese cuidado de la vida que nos caracteriza y del que deberíamos estar orgullosas. Sin embargo, la sociedad ha impuesto que la maternidad es una lacra, así la familia se convierte en una carga pesada también, mientras que el desarrollo profesional, y la libertad sexual es el empoderamiento, aunque esto nos haga renunciar a lo que la naturaleza nos llama a ser y a romper los corazones de tantas mujeres al invitarlas a usar su cuerpo como un anexo a ellas mismas: “tienes derecho a hacerte daño, y en algunas ocasiones, extender este daño a unos 100.000 hijos que no nacieron, sólo en España.”
El verdadero empoderamiento es el que Chesterton hace al destacar las cualidades y el trabajo específico de la mujer de acuerdo con su naturaleza. El empoderamiento impuesto por las ideologías, alejado de la naturaleza femenina, es eso, una imposición, pero la belleza se descubre en la verdad de lo que se es, realmente. En cuanto al desarrollo de una tarea profesional puede ser hecho por cualquiera que esté formado, y la incorporación de la mujer al mundo laboral aportará algo especial cuando su liderazgo sea el del cuidado, como defendía Consuelo Arenal, y no el de una competencia por puestos, si no aporta nada especial que haga el mundo mejor (y por ahora no vemos eso), no habrá servido de nada esta incorporación, por el contrario, la familia si lo pagará al estar menos atendida. Nos hemos olvidado de que las instituciones que lideraba la mujer son precisamente las más potentes de la sociedad, de una sociedad estable, de lo cual deberíamos estar orgullosas.
Chesterton vio a la mujer como la culminación de la Creación, y la admiró tanto, que no quería que se convirtiera en un hombre, de ahí que le tacharan de antifeminista en su época. El valor que Chesterton daba a lo doméstico, y como doméstico se entiende a las relaciones familiares, convertía a la mujer, en el centro de esta tarea normalmente, era el elemento principal en el hogar, y al fin y al cabo, son las relaciones personales las que nos hacen más o menos felices.
Aunque al final de sus días tenía a su mujer en el mismo pedestal, escribió el siguiente poema cuando todavía eran novios:
Con qué esmero te hizo Dios:
apartó para ti una estrella,
la tiñó de verde con campos de oro
y le puso el sol como aureola;
la llenó de reyes, pueblos, naciones,
y te hizo a ti, con mucho esmero.
Toda la naturaleza es el cuaderno de Dios,
sus toscos bosquejos para ti.
La consideraba una belleza que exigía reverencia, pero no solo lo descubre en ella como un ser concreto, sino en las cualidades femeninas. Según sostiene Pearce en su biografía, “Chesterton parecía creer que Dios creó al hombre sólo como excusa para crear a la mujer” [3], incluso podría parecer que debía tener un espectador para admirar a la mujer, a la que reconoció como la compañera ideal y necesaria, ya que Dios pensó que no era bueno que el hombre estuviera solo. Los dos sexos eran necesarios para Dios y nos creó complementarios, para que el hombre se comportara como hombre y la mujer como mujer. Como Chesterton escribió, “humanamente considerado, el matrimonio descansa sobre la realidad de la propia naturaleza humana”.
“Así es la mujer, y su oficio es generoso, peligroso y romántico. Su carga es pesada, pero la humanidad ha pensado que valía la pena echar ese peso sobre las mujeres para mantener el sentido común en el mundo”. – Chesterton
Pilar Castañón en womanessentia.com
Notas:
1. Chesterton, G.K., Esencia de mujer, Homo Lenges
2. Ibid.
3. Pearce, Joseph, G.K.Chesterton. Sabiduría e Inocencia, Ediciones Encuentro, Madrid, 2011, p.67
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