“En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud”.
“Alzad la mirada” es el lema de la visita de León XIV a nuestro país. Suena como un eco del “alzar los ojos hacia el Dios que se hizo carne”, con que también el Papa anima a los cristianos en el mismo inicio de su encíclica Magnífica humanitas. Casi idénticas expresiones –“alzar los ojos”, o “la mirada”- invitan a una acogida, con visión trascendente, de los mensajes pontificios: el ya conocido de la encíclica, y los que transmitirá en los próximos discursos durante su estancia en España.
El lema resulta una llamada amable, dirigida en primer lugar a quienes somos cristianos, sin excluir obviamente a cuantos, sin serlo, pero sí tantos hombres y mujeres de buena voluntad deseen igualmente construir “la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”, y “donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad” (Enc. Magnífica humanitas, n. 1). Esta es la alta meta y referencia esencial que recorre toda la encíclica, dentro de su sólida y vigorosa argumentación temática y no menos claridad expositiva, en torno a la inteligencia artificial (IA) y los retos que plantea para una convivencia verdaderamente humana.
Resalto la alta y trascendente intencionalidad de este documento, y animo a su atenta y muy personal lectura. Si se aborda con apertura de mente y corazón, lo mismo que la inminente visita del Papa, podrán sacarse luces que ayuden en la construcción de esa ciudad de rostro humano, en el entorno vital que a cada uno nos corresponda. Los cristianos, además, confesamos que nuestra naturaleza ha sido infinitamente enaltecida por haber querido participar de ella Jesucristo, el mismo Hijo de Dios. Y que lo haya hecho para caminar con nosotros y evitar que repitiésemos la triste historia de la torre de Babel -recordada también por el Papa-, que no tuvo futuro alguno porque los hombres prescindieron de Dios.
Así se comprende que, en el mismo número 1 de la encíclica, León XIV haya recordado que Dios, hecho hombre, ha enaltecido nuestra naturaleza: “En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud”. Y que, como síntesis final, concluya la encíclica en la misma línea: con nueva alabanza al progreso que supone la IA y, a la vez, reiterando que de nada serviría si la separásemos de la meta trascendente a la que está llamada la riqueza y dignidad de toda persona humana.
Vale la pena recoger algunas palabras textuales de esta conclusión, en la que el Papa anima a los cristianos a comunicar, con los pies en la tierra y con optimismo sobrenatural, el tesoro de nuestra fe: “…convirtámonos en tejedores de esperanza de nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros (…) En la fidelidad humilde de cada día, también el tiempo de la IA puede ser un paso en el que el Espíritu haga madurar la civilización del amor en nuestras vidas; el Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta para cada época la posibilidad de convertirse en historia de salvación a la luz de la Encarnación”. Y pide al fin que, con la ayuda de la Madre de Cristo, los cristianos “podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios” (Encíclica Magnífica humanitas, n. 245).
Pero volvamos al lema de la visita de León XIV, para conectarlo con lo dicho hasta aquí sobre la apertura intelectual y sin prejuicios que requiere la lectura de la Magnífica humanitas. Es evidente que, a día de hoy, desconocemos el contenido de los discursos que pronunciará. Por tanto, el lema “Alzad la mirada” invita, sobre todo, a una actitud interior y sin barreras cerradas a una sana antropología, para acoger con ánimo abierto las diversas temáticas que exponga en sus intervenciones. Después, vendrá la reflexión pausada para sacar las conclusiones que cada uno vea oportunas. Y diría que esto vale tanto para quienes somos y nos sentimos cristianos, como para aquellas otras personas que se consideren agnósticas o ateas.
Es muy previsible que el conjunto de temas y reflexiones que nos ofrezca León XIV, esté informado por lo que viene siendo su modo de hacer en la misión de magisterio que desempeña: una exposición abierta, sencilla y razonada de problemas y realidades que más allá de afectarnos directamente a los cristianos, interpelan a todos, como sucede en el caso de la IA. Por eso, ante la alegría de tantos millones de personas que esperan su visita, resultan llamativas ciertas descalificaciones apriorísticas y comentarios crudos y negativos, escuchados en algunas transmisiones radiofónicas o aparecidos en la prensa escrita los días pasados.
Esa actitud de rechazo me ha hecho recordar la respuesta de Cristo a los fariseos que, molestos por la acogida festiva de la multitud a su llegada pacífica a Jerusalén, querían reprimirla por completo, pidiéndole que hiciera enmudecer a quienes le aclamaban: “Maestro, reprende a tus discípulos” Se limitó a contestarles: “Os digo que si estos callan gritarán las piedras” (Lc 19, 40).
Hoy es el Vicario de Cristo quien nos visita; por eso, salvando las distancias de tiempo y las diferencias que el lector quiera añadir entre aquella llegada del Señor a Jerusalén y la de su Vicario hoy a nuestras ciudades, el lema “Alzad la mirada” no puede ser más oportuno. Así, no será necesario que “griten las piedras” y todos, con las lógicas y diferentes visiones y sensibilidades, podamos ser testigos de un mensaje de paz como lo fue el de Cristo en Jerusalén y como, haciéndole eco, confiamos que también lo será el de su Vicario León XIV.