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La persona humana y la inteligencia artificial

Escrito por: Ignacio Sánchez Cámara
Publicado: 11 Junio 2026

La custodia de lo humano se construye a partir de la verdad, el trabajo y la libertad. La búsqueda de la verdad es imprescindible para la democracia

La inteligencia artificial es uno de los temas más acuciantes de nuestro tiempo. En ella se condensan grandes posibilidades para la humanidad y terribles amenazas. A ella ha dedicado su primera encíclica el papa León XIV: Magnifica humanitas. Las grandes cuestiones de la vida aparecen casi siempre bajo la forma de una alternativa. El pontífice parte de los dos caminos que representan dos pasajes bíblicos: la construcción de la torre de Babel y el esfuerzo de Nehemías para reconstruir las murallas derruidas de Jerusalén.

El texto parte de la exposición de los principios y fundamentos de la Doctrina social de la Iglesia. Los fundamentos son la idea del hombre como imagen de Dios, la igual dignidad de todos los hombres y el altísimo valor de los derechos humanos. Los principios son el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Con estos principios, la Iglesia intenta iluminar los problemas sociales y la marcha de la historia. En este caso, la inteligencia artificial.

La reflexión se centra en las relaciones entre la técnica y el poder, y en un nuevo tipo de dominio que es el poder digital, más peligroso por lo que tiene de opaco, de oculto. Como advirtió Romano Guardini, «el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto». El poder acrecienta su amenaza cuando falta la transparencia. El poder digital ofrece una inmensa capacidad de manipulación. No se puede equiparar la inteligencia artificial a la humana. Además, no es moralmente neutra. Pretender que es un instrumento moralmente neutro que puede utilizarse alternativamente para el bien y el mal es desenfocar el problema moral que plantea. La inteligencia artificial parte de un código ético según el que ha sido diseñada. Si no se tiene esto en cuenta, «quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas». Por eso se necesita responsabilidad para custodiar lo humano. La IA se convertiría, en caso contrario, en aliada del transhumanismo y del posthumanismo. Estas dos tendencias, aunque revisten diferentes planteamientos, están unidas por los mismos presupuestos: «la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. Es necesario reflexionar sobre el lugar de la técnica en la vida de los hombres. La clave se encuentra en el corazón humano, que ha de optar entre la ciudad terrena y la celestial, entre el amor a uno mismo y el amor de Dios. «Como en toda la historia humana, también hoy estos dos amores luchan en nuestro corazón por el predominio. El tiempo de la IA no escapa a esta regla: la construcción de Babel o la de Jerusalén comienza en cada uno de nosotros».

La custodia de lo humano se construye a partir de la verdad, el trabajo y la libertad. La búsqueda de la verdad es imprescindible para la democracia. «El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo». El súbdito ideal para el totalitarismo es la persona para la que ya no existe la distinción entre lo verdadero y lo falso. La democracia no decide sobre la verdad, sino que, por el contrario, necesita de ella. Esto plantea una serie de retos para el mundo educativo. La familia es un bien social primario y está fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer. La encíclica denuncia las guerras y las nuevas formas de civilización e insta a construir, frente a la cultura del poder, la civilización del amor.

Como conclusión, reclama las siguientes exigencias para realizar la obra de nuestro tiempo: ¡Permanezcamos fieles a la verdad! ¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos! ¡Cuidemos las relaciones! ¡Amemos la justicia y la paz! Un verdadero programa moral para nuestro tiempo.

Ignacio Sánchez Cámara en eldebate.com

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