“La adhesión interior del sujeto a la unión personal con lo valioso que lo llama o apela a su plenitud o realización”. Javier Barraca
Javier Barraca, profesor del área de artes y humanidades de la Universidad Rey Juan Carlos, pone el dedo en la llaga del gran tema de nuestra época, la concepción y vivencia de la libertad, en un reciente ensayo titulado ¿Libertad sin alternativas? En torno a la libertad humana más allá de la opcionalidad (UPSA Ediciones, 2026, 86 págs.). Javier es hombre de sorprendente erudición en materias tan variadas como filosofía, derecho, sociedad tecnológica e inteligencia artificial, bioética, estética … y además está dotado de una notable sensibilidad artística (incluso se ha adentrado en el reto de escribir algunas novelas, que son como tesis disfrazadas de relato muy bien escrito). Este breve ensayo sobre la libertad es un texto académico, con citas de decenas de autores de todas las épocas, pero no traídas a cuento como pedante erudición sino como oportuna ayuda a la construcción del pensamiento del autor. Por eso, el libro se lee con facilidad a pesar de su carácter de ensayo filosófico.
Barraca parte de la constatación del fracaso vital de la concepción moderna de la libertad como mera y permanente capacidad de optar, fuente de tantas dolencias psíquicas y traumas personales hoy; y apuesta por una idea de libertad anclada en el mejor humanismo de la tradición occidental y de clara impronta cristiana. Para ello vincula la libertad con el amor y la entiende en clave de vocación, de llamada al amor que nos interpela; la define así (pág. 69): “adhesión interior del sujeto a la unión personal con lo valioso que lo llama o apela a su plenitud o realización”. Para nuestro autor, la libertad supone la construcción de la propia personalidad como obra de arte, pero no desde el vacío de la desnuda autodeterminación, sino desde la llamada que recibimos de lo valioso. La libertad así entendida supone una gran creatividad en la senda de la verdad y el bien, no subyuga ni esclaviza, sino que permite que nos convirtamos en “artistas de la propia existencia”. Apuesta nuestro autor claramente por la mejor libertad, la que no implica el juego permanente de alternativas u opciones sin compromiso con ninguna, sino el compromiso vital -por amor- con lo valioso, con lo que merece la pena; una libertad como aquella de que gozan en grado sumo, según la concepción cristiana que el autor recuerda, los bienaventurados en la vida eterna con Dios.
El libro concluye con un espléndido capítulo final (págs. 75 a 81) que a modo de recapitulación de sus tesis lleva como título “El testimonio de la libertad sin alternativas desde el amor en Etty Hillesum”. Esta judía neerlandesa fue detenida por los nazis en Holanda y falleció a los 29 años en el campo de Auschwitz, dejándonos un diario escrito durante su cautiverio y varias cartas. Barraca pone en valor -como ejemplo de una vida en libertad, aunque sin alternativas dada su condición de interna en un campo de concentración- la opción vital sostenida por Hillesum de no odiar y mantener la alegría y la preocupación por los demás en medio de los horrores de la tortura y el exterminio nazi. Escribe nuestro autor que la vida de Hillesum es un ejemplo claro de “una persona que se abre interiormente o, mejor, acoge desde dentro de sí la llamada al amor o a los valores y bienes hacia los que ya está orientada en su misma raíz. Esta es otra forma de libertad, u otra manera de vivirla, que conecta con lo más hondo y nuclear de lo humano” (pág. 75).
También apuesta por la libertad responsable Andrés Ollero en sus dos últimos libros dedicados -el primero- al derecho y la vida política y judicial y -el segundo- a recordar sus años de parlamentario en las dos legislaturas finales de Felipe González como presidente del gobierno (años 93-96). En el primero de ellos (¿Qué es el Derecho?, Ed. Senderos, 2025, 162 págs.) Ollero introduce al lector en el mundo del derecho exponiendo sus tesis sobre el derecho como mínimo ético, criticando el positivismo jurídico como un imposible (pues en esta materia lo positivo sin lo natural sería mera fuerza); expone que la democracia no impone ni exige el relativismo moral sino que lo excluye pues se basa precisamente en el reconocimiento de la dignidad humana; y habla -a la luz de su experiencia vital- de la práctica del derecho en la academia (donde se enseña), en el parlamento (donde se elaboran las leyes) y en los tribunales (donde se aplica y concreta).
En el segundo de los libros citados (Y parece que fue ayer…, Ed. Tirant lo Blanch, 2026, 210 págs.) Ollero rememora sus primeros años como parlamentario del Grupo Popular, es decir de la oposición, en los últimos años de lo que llama “el gonzalato”, años de claro declive del proyecto socialista y de creciente corrupción, que recuerdan mucho a la actualidad como el autor gusta resaltar. El libro se divide en tres capítulos dedicados, cada uno, respectivamente, a la labor de Ollero como responsable de controlar la labor del Gobierno en la preparación de la Expo de Sevilla de 1992 y, los otros dos, a su actuación como portavoz de educación. Más allá del relato de hechos y debates concretos que Ollero recrea (acudiendo a artículos suyos en diarios de la época y al Diario de Sesiones del Congreso) creo que lo relevante es que Ollero quiere poner de manifiesto, y lo logra, que un parlamentario -si quiere trabajar- puede hacer muchas cosas. Es ejemplo -en la vida política de un parlamentario- de que la libertad responsable se puede ejercer en cualquier circunstancia, también -en contra de lo que muchos piensan- siendo un humilde Diputado en el Congreso.