Estudiantes universitarios, un policía local y profesores de instituto han dedicado sus vacaciones a llevar la cultura del amor a 600 niños que sobreviven de las basuras.

Edición digital de PARAULA. Por Elena Montava y F.P.

Más de medio centenar de chicas y chicos valencianos han viajado este verano a Nicaragua como voluntarios catequistas en una experiencia en la que han visitado inhóspitos lugares alejados de los circuitos turísticos y les ha permitido conocer otras realidades que les han dejado profunda huella en sus almas.

Nicaragua acogió durante casi un mes a este grupo de valencianos formado por tres equipos de 65 voluntarios en total: veinte chicas de la fundación Dasyc, veinte universitarios del colegio mayor Albalat y 25 jóvenes con la asociación Almudí. Estos últimos, repartidos en pequeños grupos, se dedicaron durante el tiempo que permanecieron allí a dar clases en colegios de la selva, a atender a niños de un orfanato de la zona, cuidar enfermos y a formar a los equipos que se quedarían luego en cada aldea continuando su labor.

El grupo era de lo más variado. José María Taberner, policía municipal de 23 años, José Manuel Román y Antonio Gargallo, profesores de instituto, Pedro Puigcerver, Román Pons y Manuel Cava, estudiantes de la Politécnica, Juan Iniesta, en el último año de Medicina, Juan Pablo Valero, pianista, y José Antonio Blázquez, Héctor Coll y Adrian Pla, son algunos de los jóvenes que se desplazaron hasta Chureca, "el basurero de Managua", ubicado en el barrio de Acahualinca, junto al lago contaminado de Xolotlán. Allí se encargaban de atender a seiscientos niños que se abalanzan cada día ante las toneladas de residuos para poder sobrevivir.

Durante tres semanas estos jóvenes colaboraron activamente con el delegado episcopal de enseñanza de la diócesis de Managua, monseñor Alfredo Eyléen.

Los niños basureros necesitan comida, educación, autoestima y valoran mucho que les presten atención.