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Subdesarrollo moral

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No es indiferente para el progreso social ningún comportamiento transgresor de la ley natural

Las Provincias

La reflexión ética ha acompañado al ser humano desde que tenemos algún conocimiento escrito. Al menos a partir Sócrates la filosofía ha estudiado la conducta moral del hombre. Aristóteles escribió que la persona humana se distingue del animal por su racionalidad, sociabilidad y eticidad.

La historia ha mostrado cómo han progresado las sociedades y los hombres en la medida en que han sido íntegros porque se han sentido vinculados a algo (Dios, dioses, natuAlmudi.org - Pablo Cabellos Llorenteraleza, ser, ley) que debían respetar por encima de sus preferencias personales o inclinaciones de un momento determinado, más o menos pasional, más o menos inducido por el ambiente o la moda.

Sófocles pone en boca de Antígona una apelación a la ley natural por encima de la voluntad del rey: "No creo que vuestras leyes tengan tanta fuerza que hagan prevalecer la voluntad de un hombre sobre la de los dioses, sobre estas leyes no escritas e inmortales; éstas no son de ayer; son de siempre. ¿Acaso podré, por consideración a un hombre, negarme a obedecer a los dioses?".

Por recordar a otro clásico, Cicerón escribió: "Ciertamente existe una ley verdadera, de acuerdo con la naturaleza, conocida de todos, constante y sempiterna. A esta ley no es lícito arrogarle ni derogarle algo, ni tampoco eliminarla por completo. No podemos disolverla por medio del Senado o del pueblo" (De Republica).

Son muchos los pensadores que han reflexionado sobre la referencia intocable a la ley natural, sin la que se verifica la terrible afirmación de Hobbes: "Homo homini lupus" ('el hombre es lobo para el hombre').

Cuando Pablo VI habló de subdesarrollo moral y al repetirlo Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, no se están refiriendo a algo exclusivo de los católicos, sino que la falta de ecología humana –en expresión de Juan Pablo II– desencadena dinámicas perversas de pobreza, que ponen en peligro la paz. El Papa hace referencia a diversas implicaciones morales de determinadas conductas en relación con la pobreza.

Interesantísimo tema que no cabe aquí, pero que me da pie para referirme a los alcances personales y sociales de la conducta moral de cada uno. No es indiferente para el progreso social ningún comportamiento transgresor de la ley natural. La codicia, la mentira, la desvirtuación del matrimonio y la familia, las políticas negativas para la natalidad, el aborto, el divorcio, el narcotráfico, el sexo banalizado, el terrorismo, la guerra, el maltrato al débil...; nada de eso resulta extraño para cada uno y para el cuerpo social. Unas libertades mal entendidas acaban con la libertad.

Yo no sé si éticamente estamos en el peor momento de la historia, pero que este tiempo no es bueno me parece indudable y, desde luego, tampoco la ética es ajena a la crisis económica que vive nuestro mundo. No me voy a dedicar a repartir culpas porque eso es lo más fácil. Jesús dijo a quienes pretendían lapidar a una mujer atrapada en flagrante adulterio: el que esté libre de pecado, arroje la primera piedra. Marcharon todos, comenzando por los más ancianos, y Jesús perdonó a la mujer.

Quizá es tiempo para que cada uno se examine a sí mismo, acerca de su participación, por comisión u omisión, en conductas desordenadas, que están conduciendo a una vida sumamente reglada y temerosa hasta resultar asfixiante en algunos aspectos, mientras que otros más fundamentales brillan por un libertarismo suicida y ausente de responsabilidad. Eso ocurre principalmente en las sociedades más opulentas, que viven mejor, pero no saben vivir bien.

La razón última está probablemente en el olvido o escondimiento de las convicciones más hondas del ser del hombre, en su desvinculación de Dios, en la sustitución del Creador, y consiguientemente de la naturaleza, por la pura voluntad humana tantas veces desligada de la recta razón. No soy pesimista, porque a las grandes crisis siguen los grandes cambios. Pero con las conocidas palabras de Shakespeare en Hamlet, bien se puede decir que nos encontramos en esta tesitura: ser o no ser: este es el problema.

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