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Ingenieros del bien común

Expirado
Escrito por: José Iribas
Publicado: 17 Septiembre 2015

Necesitamos activistas, ingenieros del bien común, personas comprometidas con la sociedad de la que forman parte

Afirmaba el escritor irlandés Jonathan Swift que “la mayoría de las personas son como los alfileres: sus cabezas no son lo más importante”.

No sé si estás de acuerdo o no, pero… ¡mira que hay gente que discurre! Y mucho. Unos para bien y otros… para mal. Estos últimos, como los alfileres cuando se emplean de forma inapropiada, pueden hacer mucho daño.

Me advertía un profesor del IESE: “Si te sale un colaborador perverso, pídele a Dios que te salga vago, porque como te salga activo, te hunde”.

Tengo un conocido que padeció no a un colega sino a un jefe tan infame como astuto. Le llevaba por la calle de la amargura. Pero, para zorro mi amigo. Me contaba que se puso morado de enviar currículos de su superior. A cientos de empresas. Hasta que una de ellas… le contrató (al jefe). Y mi amigo pasó a mejor vida. Sin morirse, ¿eh? En el pleno y literal sentido: mejor vida.

Si hablamos de ingenio podemos traer a colación a Descartes y a Aristóteles. Decía el primero más o menos lo del profesor del IESE: que no basta con tener gran ingenio. Lo principal es aplicarlo bien. Y, así, Aristóteles afirmaba: “Me tiño el cabello de negro para los encuentros románticos y de blanco para las reuniones de negocios”.

Alguno dirá: “Cita apócrifa. ¡Qué iba a decir eso!” Lo aclaro: Este Aristóteles no era el filósofo, sino el magnate Onassis.

Cuando hablo de ingenio (mal empleado) me acuerdo de un chiste que me contaron. Por si las moscas advierto, como en los créditos de las películas:

“Esta historia no se desarrolla en este país, ni está inspirada en hechos reales. Sus personajes, caracterizaciones y diálogos son ficticios. Cualquier similitud con los nombres o con cualquier persona, viva o muerta, cualquier conversación o incidente está creado con el único fin de  entretener”.

A lo que vamos:

Cuentan que un ganadero llamado Genaro tenía un pleito contra un propietario en relación a unas tierras cuya titularidad se disputaban.

Cuando el juicio ya estaba prácticamente visto para sentencia, Genaro recibió una llamada de su abogado.

− Don Genaro, esto está negro. No pinta nada, nada bien.

− Pero, ¿qué me dice?, respondió el cliente alarmado.

− Lo que oye. Nos ha fallado el perito, los testigos no han estado nada acertados…

− O sea, ¡que está prácticamente perdido! Y… ¿si le mando un jamón al juez?

− ¡Ni se le ocurra, Genaro! ¡Entonces sí que está perdido irremisiblemente!

Pasaron dos o tres semanas y llegó la sentencia. ¡El fallo daba la razón a Genaro y condenaba en costas a la parte contraria!

El letrado de Genaro, todo ufano y sin poderlo creer aún, telefoneó a su cliente para darle la buena nueva. Cuál fue su sorpresa al escuchar de Genaro:

− Ya lo esperaba.

− Pero, ¿qué me dice?, preguntó atónito el Letrado.

− Sí, sí. Le mandé el jamón al juez.

− ¡! ¡!

− ¡Pero a nombre de la parte contraria!

Te traigo a colación esta historieta de astucia, sagacidad… para ver si tomamos nota y empleamos nuestras habilidades. No para ganar pleitos indebidamente… sino a fin de animarte a volcar tu audacia, espíritu de iniciativa, empeño y capacidades en hacer el bien. Porque me niego a compartir que de bueno a tonto haya un paso. Y porque debemos ingeniárnoslas para que haya un paso, un puente, de listo a bueno.

Necesitamos activistas, ingenieros del bien común. Personas comprometidas con la sociedad de la que forman parte; como las que te mencionaba en “Las buenas noticias dependen de ti” (haz clic en el enlace); aquéllas a las que me refería cuando te decía: “Tú sigues siendo Superman” (enlace).

Así que ya sabes: vuela alto, Superman, y da lo mejor de ti; aporta tu granito de arena… que no hace un granero, pero ayuda al compañero. Y recuerda “Como pez en el agua” (enlace).

Habrá quien diga: “Yo poco puedo aportar”… Te responde el escritor estadounidense Henry Van Dyke: “Utiliza en la vida los talentos que poseas: el bosque estaría muy silencioso, si solo cantasen los pájaros que mejor lo hacen”. Y, además, sería más aburrido…

Y, ya que hablamos de cantar, mejor o peor, interioriza bien lo que decía un enorme compositor, Beethoven: “El único signo de superioridad que conozco es la bondad”

¡Oído cocina!

José Iribas, en dametresminutos.wordpress.com.

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