Almudi.org
  • Inicio
  • Libros
  • Películas
    • Estrenos de CINE
    • Estrenos de DVD - Streaming
    • Series de TV
  • Recursos
    • Oración y predicación
    • La voz del Papa
    • Infantil
    • Documentos y libros
    • Opus Dei
    • Virtudes
    • Kid's Corner
  • Liturgia
    • Misal Romano
    • Liturgia Horarum
    • Otros Misales Romanos
    • Liturgia de las Horas
    • Calendario Liturgico
    • Homilías de Santa Marta
  • Noticias
  • Almudi
    • Quiénes somos
    • Enlaces
    • Voluntariado
    • Diálogos de Teología
    • Biblioteca Almudí
  • Contacto
    • Consultas
    • Colabora
    • Suscripciones
    • Contactar
  • Buscador
  • Noticias
  • ¿A qué grupo pertenezco?

¿A qué grupo pertenezco?

  • Imprimir
  • PDF
Escrito por Antonio Argandoña
Publicado: 23 Junio 2017

Necesitamos volver a entendernos, a hablar, a dialogar, a reducir las barreras, a hacer esfuerzos positivos para entender al otro, para imaginarnos por qué piensa como piensa y actúa como actúa

El Periódico publicó hace unos días una larga entrevista a Sherry Turkle, a quien no conocía, a propósito de un libro publicado recientemente en España, titulado En defensa de la conversación. Sí señor: es un argumento en favor de hablar con los demás, de perder el tiempo con ellos, de guardar largos ratos el móvil o el ordenador o la tablet para mirar a los ojos a otro, preguntarle y dejarse preguntar.

Me gustaron particularmente algunas de sus ideas. “podemos escoger a quién seguimos en las redes sociales, optamos por las personas que siguen nuestra ideología y paulatinamente nuestro mundo pierde matices, nos exponemos menos a la disensión y a opiniones distintas. Eso, por un lado, reduce nuestra capacidad para el debate, para el intercambio de ideas; y por otra, genera situaciones de sorpresa cuando nuestra opinión (política, por ejemplo) resulta ser la perdedora, pues al estar rodeados de personas con nuestra misma actitud creemos que todo el mundo es así”. Todos podemos citar docenas de ejemplos de esto, empezando, al menos en mi caso, por mí mismo. Y, claro, cerrarse a las ideas de los demás nos empobrece intelectualmente y, lo que es peor, nos impiden entender lo que ellos piensan y por qué lo piensan. Y, claro, decimos que son esto o lo otro, que están profundamente equivocados y cosas por el estilo. Y los primeros perjudicados somos nosotros.

Es algo que ya había leído unos días antes en el Financial Times, en una colaboración de David Goodhart, a quien tampoco conocía, titulada Why I left my liberal London tribe: más elaborado, pero, de nuevo, señalando no el fallo de los otros, sino el de uno mismo: el propio Goodhart, en este caso. Presenta dos grupos de personas, uno, los más educados, más viajados, más leídos, liberales (en el sentido americano, o sea, más bien socialdemócratas), y otro, los que no reúnen esas características, con un amplio número de ciudadanos entre ambos extremos.

Lo importante, de nuevo, es que unos y otros nos aislamos en nuestras ideas, no leemos a los otros, no queremos saber de ellos, si no es para burlarnos o incluso para insultarlos. Es lógico: prestar atención al que piensa distinto de nosotros nos causa desasosiego, si no repugnancia, de modo que creamos barreras defensivas. Y nuestra vida diaria no hace sino reforzar esas actitudes. Y, dice Goodhart, cuando la sociedad ha entrado en batallas sobre seguridad e identidad, se ha ampliado la brecha entre esas dos concepciones. Lo relevante aquí no es el desempleo, la desigualdad de la renta o la inseguridad económica, sino el alejamiento de las ideas, y el bloqueo que nos lleva a olvidar al que piensa distinto, e incluso a odiarlo.

Goodhart señala algunos caracteres de su tribu liberal, acomodada, educada, como la tendencia a sufrir más por algo que pasa en otro continente que por la suerte de las personas que viven en el barrio de al lado, la incomprensión de los sentimientos religiosos o nacionales y el desdén por la gente “ordinaria”. Hablando de la narrativa de su tribu, Goodhart señala que la igualdad de raza y género, por ejemplo, no llega a la igualdad de todos los seres humanos, con el consiguiente deber de preocuparnos por todos ellos.

Su conclusión, a raíz de lo que podemos llamar su “conversión”, es que hay otro liberalismo, maduro y emocionalmente inteligente, “que ve que existe realmente una sociedad”, no solo una masa amorfa de individuos, sociedad “que funciona bien sobre la base de hábitos de cooperación y confianza y de lazos de lengua, historia y cultura. Y lo que él dice de sus correligionarios liberales, vale también, me parece, para otros grupos ideológicos y políticos.

Mi moraleja es que necesitamos volver a entendernos, a hablar, a dialogar, a reducir las barreras, a hacer esfuerzos positivos para entender al otro, para imaginarnos por qué piensa como piensa y actúa como actúa. Esto no quiere decir que nos pasemos a su bando, sino que estamos tratando de hacer nuestra sociedad más humana.

Antonio Argandoña, en blog.iese.edu.

  • Anterior
  • Siguiente

Colabora con Almudi

Quiero ayudar
ARTÍCULOS
  • La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en la literatura judaica inter-testamental
    Luis  Díez Merino
  • Lo objetivo y lo subjetivo de la redención cristiana Síntesis histórica y perspectiva actual
    Leonardo Cappelluti
  • Sentido cristológico de la confesión sacramental
    José Miguel Odero
  • Aprender en la Misa a tratar a Dios
    Juan José Silvestre Valor
  • La Cruz como símbolo protector
    Teresa Díaz Díaz
  • San José y la caridad: un vínculo devocional e iconográfico [1]
    Sandra de Arriba Cantero
  • En la fiesta de san José: una fidelidad que se renueva
    Guillaume Derville
  • Experiencia científica y conocimiento humano
    Francisco Altarejos Masota
  • El duelo migratorio
    Valentín González Calvo
  • Marxismo soviético y antropología. El caso de Cuba
    Roberto Garcés Marrero
  • El crepúsculo del mundo compartido
    Rubén Amón
  • Espontaneidad y sencillez de la ideología de lo justo
    Manuel María Zorrilla Ruiz
  • La concepción de “ser humano” en Pablo Freire
    Roberto Pineda Ibarra
  • Breves reflexiones sobre Dios y su experiencia
    Antonio Jiménez Ortiz
  • Totalitarismo y libertad individual. Las contradicciones políticas de la tecnología
    Miguel Saralegui
MÁS ARTÍCULOS

Copyright © Almudí 2014
Asociación Almudí, Pza. Mariano Benlliure 5, entresuelo, 46002, Valencia. España

  • Aviso legal
  • Política de privacidad