Otra buena muestra del papa emérito de su amor a la Iglesia, de su amor a Jesucristo, de su Fe en Dios

En la carta que escribió con motivo de la muerte de su amigo el card. Joachim Meissner, Benedicto XVI ha dado otra buena muestra de su amor a la Iglesia, de su amor a Jesucristo, de su Fe en Dios; y una buena lección a los que se “baten en retirada”.

«Sabemos que para él, pastor y cura apasionado, fue difícil dejar su oficio, justamente en una época en la que la Iglesia necesita, en forma especialmente apremiante, pastores convincentes que resistan la dictadura del espíritu de la época y vivan y piensen decididamente la Fe.

Pero mucho más me conmovió percibir que en este último periodo de su vida él había aprendido a soltarse y vivía cada vez más de la profunda certeza de que el Señor no abandona a su Iglesia, aunque a veces la barca está a punto de zozobrar».

A renglón seguido, y como para explicar la serenidad y fe del difunto cardenal, añade:

«En el último tiempo hubo dos cosas que lo dejaban cada vez más contento y convencido.

  • Por un lado, me contaba una y otra vez cómo le llenaba de una alegría profunda experimentar en el sacramento de la penitencia la forma en la que justamente hombres jóvenes viven la gracia del perdón, el regalo de haber encontrado realmente la vida que sólo Dios puede darles.
  • Por otro lado, lo que lo conmovía y alegraba era el silencioso crecimiento de la adoración eucarística».

En resumen. Benedicto XVI eleva el corazón a Dios, y pide para la Iglesia: obispos, sacerdotes, laicos −en la Iglesia todos somos, de alguna manera, pastores de los demás− convincentes, valientes, que vivan y piensen decididamente la Fe; que no se avergüencen de la Fe, y no tengan el mínimo “complejo” ante el “espíritu de la época”. y sean conscientes de que la “sabiduría de Dios les ayuda a situarse ante la verdadera ciencia, y ante el verdadero sentido de la historia”.

Y no cedan ante la distorsión sexual de la naturaleza humana que los movimientos LGTB quieren promover en todo el mundo. Eso sí que es una imposición ideológica violenta que acalla disentir, al estilo de las ideologías hitleriana y estalinista, y exige adhesión incondicional so pena de ser proscrito socialmente por contradecir sus afirmaciones, incluso con datos científico (cfr. en este enlace), y ser llevado a juicios ante jueces desconocedores de datos y presionados por una opinión pública manipulada al antojo.

Con esos “obispos, sacerdotes, laicos convincentes, valientes y llenos de Fe”, la Iglesia transmitirá la Luz de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y Resucitado a todos los hombres y mujeres del mundo. Les anunciará el Amor de Dios, Creador y Padre. Les animará a darLe gracias por tantos bienes recibidos, y a pedirLe perdón por los pecados y descubrir así como el Señor les ama. Les ayudará a abrir los ojos para entender el sentido de la historia, al mostrarles el camino de la Vida Eterna, e iluminarles el horizontes de la existencia humana más allá del cementerio.

Firmes en la Fe, esos “obispos, sacerdotes, laicos convincentes, valientes”, ayudarán a todos los fieles a revivir el sentido del pecado, ser conscientes del anhelo de Dios de perdonar, y arrepentidos, pedirán perdón con Fe en el sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación. Por ese camino, descubrirán la Luz de Cristo en sus inteligencias, el amor de Cristo en sus corazones, porque le han tratado y adorado en la Eucaristía.

Ernesto Juliá, en religionconfidencial.com.