Teresa e Ignacio tienen 10 hijos y 32 nietos. Además, han escrito dos libros en los que narran sus aventuras al frente de una familia tan numerosa

Teresa e Ignacio son el origen de una familia numerosa, con 10 hijos y 32 nietos (por ahora). Al llegar al periodo de la jubilación han escrito a cuatro manos "¡Vaya lío de familia!" (2018) y "Cuando el nido se queda vacío" (2016). Aunque los autores se esfuerzan en no dar "recetas" (cada familia es distinta, cada una encuentra sus "recetas") su vivencia destila experiencias que pueden servir de inspiración a cualquiera.

En "¡Vaya lío de familia!" rememoran los años del nacimiento y la consolidación de la familia: hay dificultades, desafíos, optimismo, sentido del humor y sentido común. Nos cuentan formas creativas para reducir el gasto familiar y llegar a fin de mes, modos de potenciar la libertad y responsabilidad de los hijos, ideas para educar en la confianza, vías para transmitir la fe en libertad.

En el segundo libro, también salpicado de humor, Ignacio y Teresa afrontan la convivencia conyugal entre jubilados, cuando por ley de vida los hijos crean su propio hogar: la felicidad en esta tercera etapa de la vida, el conocimiento y comprensión de los defectos del cónyuge, la capacidad de escucha, los nuevos modos de relacionarse con hijos y nietos, el agradecimiento y la amabilidad, el aprovechamiento valioso del tiempo, la gestión del físico y tantos otros aspectos de esa etapa en que las circunstancias de una familia cambian por completo.

¿Cómo surgió la idea de escribir estos libros? ¿Por qué decidisteis compartir vuestra historia con un público más amplio?

Al estar jubilados, ya sin hijos en casa y con más tiempo libre, pensamos que podíamos escribir un libro contando nuestras experiencias familiares, por si ese testimonio pudiera ser de utilidad para otras muchas personas. Con esto queríamos secundar las sugerencias del Papa Francisco y del prelado del Opus Dei en el año dedicado a la familia.

Una familia con 10 hijos no suele pasar desapercibida por la calle. ¿Cuál es la pregunta que os han hecho más veces, y cuál vuestra respuesta?

Con tantos chavales llamábamos la atención. A veces nos miraban incluso con mala cara y algunos de nuestros hijos les mostraban las palmas de las manos para ahorrarles el trabajo de contar hasta diez. La pregunta más repetida era: ¿cómo sois tan valientes? ¿Tendréis mucho dinero, no? La respuesta era inmediata: no es para tanto. En cuanto a número de hijos, nuestra experiencia es que cuatro no es el doble de dos.

Vuestra historia respira alegría, pero no se esconden los momentos duros, como cuando falleció vuestro sexto hijo. ¿Cómo reaccionar cuando todo se hace más difícil?

Mirando hacia arriba, convencidos de que Dios ayuda en esos momentos.

Quiero educar cristianamente a mis hijos y os pido un "consejo de oro" a cada uno, solo uno.

Ignacio: me lo dio un buen amigo mío. Me decía que hasta los 18 años hay que hablar a los hijos de Dios y que a partir de los dieciocho hay que hablar a Dios de los hijos.

Teresa: hablarles desde muy pequeños de Jesús para que, cuando sean mayores, puedan hablar a Dios como un amigo.

¿Cómo puede ayudar una pareja del siglo XX a una pareja joven del siglo XXI? ¿Cómo reaccionan las últimas cuando leen vuestra historia?

Es difícil, no cabe duda, porque se vive de otra manera. En general las parejas jóvenes se casan con la casa puesta, cosa que no ocurría antes. Cuando leen nuestra biografía se dan cuenta de que eran otros tiempos, pero también nos dicen que muchas de las cosas que contamos son pura vida ordinaria de una familia actual.

¿Hace falta tener mucho dinero para sacar adelante una familia numerosa?

El dinero ayuda, no cabe duda, pero a veces estorba si se quiere vivir en la familia la virtud del desprendimiento de las cosas materiales. El químico Lavoisier decía a sus discípulos: “cuando no hay dinero, hay que ponerse a pensar”. Nosotros hemos pensado mucho y en el libro contamos bastantes soluciones que hemos ido encontrando a lo largo de los años.

¿Los padres amigos o los padres-padres?

Sin duda ninguna padres-padres. Si sabemos ser buenos padres también seremos padres-amigos.

Quienes os conocen saben de vuestra vida de fe, de la colaboración que prestáis en colegios y parroquias, de la ayuda espiritual que buscáis desde jóvenes en la prelatura del Opus Dei. ¿Cuánto ayuda la vida de fe a la hora de sacar una familia adelante?

Mucho. La fe es importante y es una gran luz en la tarea educativa. En este sentido, estamos muy agradecidos a la ayuda formativa que han supuesto en nuestra familia los colegios, clubes y diversas actividades apostólicas llevadas por personas del Opus Dei, donde nuestros hijos han reforzado el sentido cristiano de sus vidas.

Una pregunta sobre el noviazgo, ¿en qué momento conviene hacer las preguntas importantes?

Las cuestiones importantes relacionadas con el noviazgo deberían plantearse antes de que pase mucho tiempo. Esas preguntas suelen surgir solas y no debe ser costoso tratarlas juntos. Hay que ser muy claros y sinceros.

¿Noviazgo largo o corto?

Nuestra experiencia creo que no sirve: las circunstancias de la vida hicieron que durase ocho años largos. Tuvimos mucho cuidado para vivir todo ese tiempo como novios y gracias a Dios lo conseguimos. Pero quizá sea mejor un noviazgo de tres o cuatro años.

En el libro emerge una familia apasionada del deporte, especialmente del fútbol y del Atlético de Madrid.

No hay verdad mayor que la famosa frase latina “mens sana in corpore sano”. Si vemos cualidades en los hijos para algún deporte vale la pena animarles y facilitarles su práctica. A nosotros nos ha dado muy buen resultado.

Desde vuestra atalaya, ¿preferís una vida con líos o sin líos?

Lo natural es huir de los líos pero a veces es hasta divertido tenerlos porque rompen la monotonía. Y si somos doce no veas lo bien que se pasa.

En 2016 escribisteis “Cuando el nido se queda vacío”, en el que contáis vuestra experiencia matrimonial de jubilados. ¿Qué es lo más difícil de esta etapa?

El silencio. Ya no se oyen las risas, los timbrazos, el teléfono o el último éxito de U2, que hacían que la casa pareciera una discoteca. Hay que acostumbrarse a convivir los dos solos. Es lo que se llama la resiliencia.

¿Y lo mejor?

La unión plena del matrimonio, pues ya no se puede compartir el día a día con los hijos. Al mismo tiempo, se aprovechan los móviles, Whatsapp, etc, para mantenerse en contacto con ellos y con los nietos: son grandes ventajas de la tecnología actual.

¿Qué fue lo primero que pensasteis cuando el último de vuestros hijos "abandonó el nido"?

Que entrábamos en una etapa nueva en nuestras vidas. Cada uno tenía que inventarse un modo de convivir contento y realizar actividades en común. Rechazamos la idea de que a partir de ahora “mitad de sueldo y doble de marido o mujer”. También vimos la manera de ayudarnos mutuamente en las labores domésticas y en el ánimo que en algún momento puede faltar.

Mi último hijo se va de casa en un mes y, con mi esposa, estamos comenzando a planear un futuro que deseamos que sea feliz ¿Me dais un solo consejo cada uno?

Teresa: No tener miedo a perder la independencia. Intentar estar siempre juntos, pero no revueltos.

Ignacio: Que la mujer ponga siempre en primer lugar a su marido y no a los hijos o nietos. Y viceversa.

Fuente: opusdei.org.