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  2. Dejarse convencer

Dejarse convencer

Expirado
Escrito por: Alfonso Aguiló
Publicado: 07 Febrero 2019

Si tenemos muy claras nuestras razones, pero tendemos a ver muy poco claras las razones de los demás, quizá es porque hace tiempo que hemos limitado mucho nuestra capacidad de aprender

Platón, en uno de sus "Diálogos", plantea una interesante discusión entre Sócrates y Calicles sobre la fuerza de la razón. Calicles rechaza la moralidad convencional y defiende otra basada en la ley del más fuerte. Asegura que esa ley es la que impera en la naturaleza, y la que realmente procede de ella.

Hacer el mal −sostiene Calicles− puede ser vergonzoso desde el punto de vista de los convencionalismos sociales, pero esos convencionalismos proceden de una moral gregaria, establecida por los débiles para defenderse de los fuertes. Los débiles, que son la mayoría, se juntan para modelar y esclavizar a los mejores y más fuertes de los hombres y proclaman como justas las acciones más convenientes para ellos.

A lo largo del diálogo, Calicles se va quedando sin argumentos ante las objeciones que le hacen, pero no deja de defender cínicamente sus ideas. Dice que los fuertes saben bien que, si hace falta, pueden cometer una injusticia con otros, porque esa es la justicia del fuerte. En un momento dado empieza a dar la razón a Sócrates, pero enseguida se desdice y asegura que no le interesa seguir hablando, porque no está dispuesto a ser persuadido por las razones de nadie, sino que recurriría a la fuerza para imponer las suyas.

Y continúa con afirmaciones y planteamientos que hoy, dos mil quinientos años después, nos recuerdan muchas frases que fueron recogidas casi textualmente por Nietzsche, y puestas después en práctica por el nazismo y otras doctrinas basadas en sus tesis nihilistas.

Pienso que lo más trágico en la historia de Calicles no son sus ideas intolerantes y violentas, sino que lo peor es su total falta de receptividad ante cualquier argumentación: eso es lo que blinda su terrible error y le impide salir de él.

Y esa es, lamentablemente, la actitud con que a veces blindamos nuestros defectos y nuestras incoherencias en pequeños detalles de la vida diaria. Quizá, cuando vemos que nuestras razones no tienen suficiente peso, en vez de analizarlas de nuevo, o buscar otras que las refuercen o mejoren, o buscar consejo en quien pueda ayudarnos a comprenderlas o explicarlas mejor, tendemos a cerrarnos en banda ante las razones de los demás.

Dejarse convencer por las razones de otros es muchas veces −no siempre, parece obvio decirlo− una muestra de inteligencia y de rectitud. Nuestra inteligencia se manifiesta no sólo cuando argumentamos, sino también cuando aceptamos y comprendemos los argumentos de los demás.

Por eso, la educación tiene tanto que ver con ese hacernos receptivos a los razonamientos de otros. Lo razonable es aceptar que nuestra razón se ha de enriquecer con la razón de otros, con la consideración y aceptación de otros puntos de vista, otros fines, otros objetivos, otras valoraciones.

Para desarrollar realmente nuestra capacidad intelectual es preciso desarrollar nuestra capacidad de escucha. Debemos aspirar a ser persuadidos por argumentos, no sólo persuadir a los demás con nuestros argumentos. Por eso, si tenemos muy claras nuestras razones, pero tendemos a ver muy poco claras las razones de los demás, quizá es porque hace tiempo que hemos limitado mucho nuestra capacidad de aprender.

Buena parte de la culpa de ese fenómeno está quizá
en que aceptar que uno ha sido persuadido por
las razones de otro suele estar mal visto

Como si cambiar de opinión supusiera un escaso uso de la razón. El mundo está lleno de personas que se enorgullecen de pensar lo mismo que pensaban hace veinte o treinta años, y en algunos casos eso puede ser una manifestación de sensatez y fidelidad a los propios principios, pero en otros muchos probablemente demuestre que ni ahora ni entonces han pensado demasiado. Parecen invulnerables a cualquier argumentación, y eso no es algo de lo que se deba presumir.

Alfonso Aguiló, en interrogantes.net.

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