Los cristianos se han visto especialmente afectados por el terrorismo y la inestabilidad en Oriente Medio. En Siria, se han reducido de 2,5 millones a 700.000 personas en estos años, y en Iraq han disminuido en un millón

El azote terrorista, la guerra y el hambre han diezmado la población en Siria e Iraq estos años. En paralelo, la persecución de cristianos ha contribuido a disminuir su número notablemente, cuando desde el tiempo de los apóstoles, hace dos mil años, ayudaron a edificar y forjar esas tierras a lo largo de los siglos, recordó el Papa Francisco hace escasas semanas en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.

Ahora, “es muy importante que los cristianos tengan un lugar en el futuro de la región y, por lo tanto, aliento a los que han buscado refugio en otras partes a hacer lo posible para regresar a sus casas y mantener y fortalecer los lazos con sus comunidades de origen. Al mismo tiempo, espero que las autoridades políticas no dejen de garantizarles la seguridad necesaria y todos aquellos requisitos que les permitan seguir viviendo en los países de los que son plenamente ciudadanos y contribuir a su construcción”, manifestó el Santo Padre.

En efecto, desde 2011, los cristianos han pasado en Siria del 10 al 4 por ciento de la población, en torno a 700.000 personas, asegura Javier Menéndez Ros, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN en inglés) en España. En la actualidad, de los 18 millones de habitantes de Siria, 13 millones se encuentran en situación de ayuda humanitaria y casi 6 millones son niños. A su juicio, “la supervivencia del cristianismo está en juego”.

En cuanto a Iraq, “casi un millón de cristianos lo han abandonado, en una nación que ha visto su presencia durante más de dos mil años”, señaló el obispo auxiliar de Bagdad, Shlemon Warduni, unos días antes de la visita del Secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin, que pasó la Navidad en Iraq. El obispo Warduni denunció a VaticanNews la voluntad de “vaciar de cristianos al Oriente Medio”, pero señaló al mismo tiempo que la pequeña comunidad tiene “confianza en el Señor Jesús” y saca de Él “la fuerza para permanecer”.

La dura prueba del sufrimiento

En su viaje a Iraq, el cardenal Parolin presidió la misa de Nochebuena en la catedral caldea de San José de Bagdad y concelebró con el patriarca Louis Raphael Sako, en una Eucaristía en la que participó el presidente del país, Barham Salih.

En un mensaje de Navidad para Irak transmitido al primer ministro, Adil Abdul-Mahdi, el cardenal Parolin se refirió al país como “cuna de las civilizaciones, tan rico en referencias bíblicas e historia, la tierra del patriarca Abraham, donde comenzó la historia de la salvación”. El cardenal Secretario de Estado convocó a cristianos y musulmanes para “iluminar la oscuridad del miedo y del sinsentido, de la irresponsabilidad y del odio con palabras y actos de luz, sembrando con todas sus manos semillas de paz, verdad, justicia, libertad y amor”, y subrayó que “lo mucho que tenemos en común y lo mucho que estamos atados el uno al otro es mayor que lo que nos separa”.

En la celebración con la comunidad caldea, la más numerosa de las cristianas del país, señaló que la n oche de Navidad es de “insomnio” como la de tantos cuyas preocupaciones no les dejan dormir −como tantas familias iraquíes que “han pasado por la dura prueba del sufrimiento”− y es que, para el cardenal, la Navidad se da “precisamente en esta situación, humanamente sin salida, donde resuena el feliz anuncio”.

En el último día de su visita a Irak como enviado del Papa Francisco, el cardenal Parolin aseguró que “el perdón es la base de la reconciliación” y agradeció a los iraquíes por su testimonio de fe cristiana. Que “el dolor y la violencia sufrida no se transformen nunca en rencor” pidió durante la Misa celebrada en la catedral siro-católica de Qaraqosh, una de las principales ciudades devastadas por los terroristas, donde hay numerosos cristianos.

Rafael Miner, en Revista Palabra.