Ante el dolor, frente al sufrimiento, el hombre tiene que poner su creatividad para aliviarlo

Una pancarta de un manifestante a favor de la eutanasia reza lo siguiente: "La vida es un derecho no una obligación". Suena bonito y parece justo, solo que se salta un paso muy importante, para tener un derecho hay que existir. Nadie que no es, que no tiene vida, puede ser sujeto de derecho. La vida es anterior a los derechos, es la que da los derechos. Por eso la vida es un don, un regalo. Luego vendrán los derechos, y el primero es ser agradecido al que te la ha dado.

Otra vez se abre la campaña de la eutanasia, y en un mundo donde reina lo sentimental, donde nos gusta pensar sólo con el corazón, dejando la cabeza a un lado, los partidarios de facilitar la muerte recurren a las emociones. Nos presentan unos cuantos casos límite, muy emotivos, donde el sentimiento nos dice que sí, que una vida así no es vida y que lo mejor es facilitarle el paso a la no vida. Tengo que confesar que, con el sentimiento, con el corazón, tengo que darles la razón. También lo emotivo me lleva a compadecerme de los enfermos, de los que tienen minusvalía, de los ancianos, de esa mujer soltera y en paro que descubre que espera un hijo no deseado, que va a ser todo un problema sacarle adelante. El corazón me lleva a buscar una solución rápida y lo más fácil posible. Pero todos sabemos que si nos dejamos llevar fácilmente por lo sentimental nos podemos equivocar y podemos cometer grandes injusticias.

Muchos a lo largo de la historia se han sentido dueños de la vida y de la muerte de los demás. Han sido tiranos prepotentes que han decidido quién es digno de vivir y quien no. Hemos visto muchos holocaustos por la izquierda y por la derecha. Hoy también hemos asumido que hay muchas vidas que no merecen vivir, la de los no nacidos. Pronto decidiremos que la de los ancianos y enfermos crónicos tampoco. Pero la vida es sagrada, en un don misterioso que siempre hay que defender.

Ante el dolor, frente al sufrimiento, el hombre tiene que poner toda su creatividad y solidaridad para aliviarlo. La ciencia, la medicina y los adelantos tecnológicos están al servicio del hombre. Son grandes si le sirven, si le facilitan la vida, si hacen que no sea un peso, una obligación. ¡Qué pena da ver que para algunos vivir es un peso! Ante esta situación, que por desgracia se da en bastantes casos, tenemos que reaccionar, pero no por lo fácil. Hay que ponerse a pensar, hay que hacer examen sobre cómo va la sociedad. No es ningún éxito cosechar un buen montón de suicidios, de gente que desea morir. No es un adelanto, algo moderno, recurrir a facilitar la muerte de los demás. Se puede plantear como algo valiente, decidido, progresista. Pero también se puede leer la letra chica y sacar la conclusión de estar ante un fracaso de la sociedad. De que seremos muy modernos, pero que el tufo de las cavernas se cuela por todos los rincones.

Decía Miguel de Unamuno: "El secreto de la vida humana, el secreto raíz del que todos los demás brotan, es el ansia de más vida... es, en una palabra, el apetito de divinidad, el hambre de Dios". No es extraño ver que en un mundo donde Dios estorba, poco a poco la vida pierde valor. Si la vida es un derecho, si es el hombre frente a Dios quien se adueña de la existencia, puede colarse la agonía, la cultura de la muerte.

Gandhi afirmaba que "de todos los dones que nos han hecho, el de la vida es sin duda el más precioso". Es nuestro deber hacer que los nuestros así lo entiendan y lo sientan. ¡También son buenos los sentimientos! ¡Qué importante es conseguir que los míos sientan que son importantes para mí, que su vida me es valiosa, que sin ellos la mía vale menos! Gracias a Dios esto es lo común y podemos conseguir que sea lo universal.

Con la "cultura del descarte" la vida humana no es considerada ya un valor fundamental que hay que respetar y tutelar, dice el Papa Francisco. Y le observamos cómo acaricia, cómo se acerca a tantos hermanos que hasta nos da vergüenza mirar. Él se agarra a ellos y les pide su bendición. Son un tesoro, sólo que hemos perdido la capacidad de apreciarlo. ¿Es esto un adelanto?

Juan Luis Selma, en diariodecadiz.es.