La convivencia antes del matrimonio, para conocerse mejor y probarse, no reduce el riesgo de divorcio, sino que lo incrementa
Tengo una hija que me ha dicho que se va a ir a vivir con su novio. Me ha dado un disgusto tremendo. Su madre y yo sólo sabemos decirle que es mejor no se vaya, porque no le va a ayudar a ser feliz. Pero está empeñada, dice que todas sus amigas lo han hecho así, que no pasa nada, que es lo normal, y no le sirve nada de lo que le decimos. Yo sé que irse a vivir juntos es lo más frecuente hoy en día, pero también he leído que aumenta el riesgo de rupturas con los años. ¿Cómo puedo hacerle entender que no es una buena idea?
Muchas gracias por su consulta, porque me consta que muchos padres se encuentran en una situación así y lo único que hacen es resignarse y renunciar a ayudar a sus hijos.
Verá, hay gente que, a pesar de no tener las cosas muy claras, o precisamente por ello, se van a vivir juntos. Lógicamente, esa convivencia implica una entrega en todos los aspectos.
Generalmente, no es una decisión excesivamente meditada, al menos según mi experiencia.
No digo que sea rápida, digo que no es meditada porque se desoye toda opinión que parezca o pueda parecer en contra. Algo que no ocurre en otros aspectos de la vida, como puede ser a la hora de invertir dinero, de comprarse un coche, de alquilar una casa o incluso a la hora de casarse.
Eso ya indica que, muchas veces, el ser humano, antes de ponerse a reflexionar, ya ha decidido lo que va a hacer.
Esta toma de decisiones sin escuchar puede ser por causas muy variadas: no saber realmente las consecuencias de lo que se hace; falta de formación emocional; manipulación por parte de la débil cultura que nos rodea; mal uso de la libertad; creerse que, aunque a los demás, en buena parte, les vaya mal, a mí me irá bien... Podríamos seguir añadiendo motivos. La vida es muy variada.
Cada vez hay más parejas que deciden dejar de mantener relaciones hasta el matrimonio
También hay «comprobaciones» que se quieren hacer: ver si lo nuestro funciona, estar más seguros a la hora de comprometernos más seriamente u otras parecidas.
Como he dicho antes, la lista de causas y motivos puede ser muy larga.
Pero según el Instituto Varnier de la Familia, en Canadá, en un estudio titulado «Cohabitación y Matrimonio, ¿cómo se relacionan?» se da un giro de 180º a muchas de estas creencias populares
Antes de exponer las conclusiones del estudio, me gustaría indicar que –según ellos mismos– el citado Instituto pertenece al Estado y no se encuentra en absoluto ligado a grupo o movimiento religioso de ningún tipo.
Es un instituto independiente, que analiza desde el punto de vista científico la evolución de la familia.
Las conclusiones del citado estudio dicen que la convivencia antes del matrimonio, para conocerse mejor y probarse, no reduce el riesgo de divorcio, sino que lo incrementa.
Las conclusiones del estudio dicen que la convivencia antes del matrimonio, para conocerse mejor y probarse, no reduce el riesgo de divorcio, sino que lo incrementa.
En la franja de edad entre los 20 y 30 años, el 63% de las mujeres que habían convivido antes del matrimonio se divorciaron, frente al 33% de las que no habían convivido. Casi el doble.
En cuanto a la infidelidad, ocurre lo mismo. Es más frecuente en hombres que cohabitan (el 25% frente al 9%) que en hombres casados. Así como el 22% en mujeres que cohabitan frente al 11% en mujeres casadas. El doble, o incluso más, en ambos casos.
Las cosas son como son, aunque algunas veces nos gustaría que fuesen de otra manera.
La convivencia no es fácil y, cuando no hay compromiso, se busca con más facilidad la puerta de salida.
Al principio de una manera más tímida, como la infidelidad, y después de una manera total, la ruptura.
A cualquiera que se esfuerce por conocer la naturaleza humana y la falta de valores que hay en la sociedad no le puede sorprender lo que estoy diciendo.
Lo que busca la gente al casarse es tener un compromiso, mientras que los que se van a vivir juntos están buscando librarse de él.
Si no hay compromiso, no hay seguridad, y si no hay seguridad, falta estabilidad, y lo más probable, es que se rompa. Una persona no puede estar a prueba de por vida.
«Mi hija tiene casi 30 años, está saliendo con un chico, pero sigue con mentalidad adolescente: ¿qué hago?»
Por último, muchas parejas que se van a vivir juntas al final se casa, como por deslizamiento: «Ya que estamos así casémonos». Error.
Eso significa que mucha gente se casa con una persona con la que no se hubieran casado si no se hubieran ido a vivir juntos previamente.
José María Contreras Luzón en eldebate.com
| El crepúsculo del mundo compartido |
| Espontaneidad y sencillez de la ideología de lo justo |
| La concepción de “ser humano” en Pablo Freire |
| Breves reflexiones sobre Dios y su experiencia |
| Totalitarismo y libertad individual. Las contradicciones políticas de la tecnología |
| El acompañamiento familiar, un reto cultural para nuestro tiempo |
| Historia contemporánea de la Iglesia en África |
| La dimensión social de la caridad: integración de los emigrantes y refugiados |
| El prejuicio en la mentira política. Una mirada desde la injusticia epistémica |
| Una interpretación de los tres primeros capítulos del Génesis II |
| Una interpretación de los tres primeros capítulos del Génesis I |
| María en la tradición protestante La inquietud, una manera de encontrarse con la sabiduría ignorada de María |
| La libertad humana, don de un Dios que es Padre (en torno a una homilía San Josemaría Escrivá) |
| El mal moral y la persona humana |
| Cultura escolar y resistencias al cambio |