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Un Amor que nos sueña despierto

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Escrito por José Antonio García-Prieto Segura
Publicado: 21 Junio 2026

«Dios te ama como eres, pero te sueña mejor»

                Más allá de los análisis psicológicos que puedan darse a la expresión “soñar despiertos”, en el lenguaje coloquial la usamos para referirnos a personas que imaginan y desean hacer realidad la situación feliz que en su imaginación y para sí mismas o para otros, está pintando con vivos y alegres colores. Por eso, calificamos de ilusa a la persona que sueña despierta. Sin embargo, León XIV ha tenido la pacífica osadía de aplicarla a Dios porque siempre vive en vela de amor, y recordarnos que: «Dios te ama como eres, pero te sueña mejor.» (Discurso en el penitenciario de Brians 1, 10-VI-2026). Un amor, por tanto, que sin dormir sueña y anhela que nuestra libertad se alce en vuelo y eco de amor.

“Alzad la mirada”, lema de la visita Papal, se ha hecho realidad por todas partes en sus recorridos y encuentros con miles de personas. Sus discursos, bien argumentados y llenos de contenido humano y trascendente, deben impulsarnos a que ese lema no se quede en aplausos -aunque duren siete minutos-, ni en tres palabras que se las lleve el viento. Para evitarlo, es preciso volver a considerar la riqueza de verdades que ha esparcido a manos llenas y, sobre todo, a ponerlas en práctica.

Han sido múltiples las realidades que León XIV ha tratado, y que conforman nuestra vida como miembros de la ciudad terrena, sin olvidar que junto a los compromisos que miran al César, están igualmente los de Dios. Compromisos que incumben a todos y que siempre deben solventarse desde la piedra angular de la dignidad humana, sin entrar mutuamente en conflicto, como el mismo Cristo sentenció: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 21). Así deshizo la trampa tendida por los fariseos buscando el enfrentamiento.

Dentro del amplio panorama de situaciones, dificultades, derechos y obligaciones que esa convivencia plantea, y que fueron abordados por el Papa con argumentos serios y luminosos, útiles para buscar la concordia, me centraré en las palabras que dirigió en el centro penitenciario Brians 1, mencionadas al inicio. Y esto, porque la entraña de su mensaje allí trasciende con mucho la historia personal de los moradores de aquel recinto y nos afecta a todos.

En efecto: nadie, aunque en su vida haya pisado una cárcel, es protagonista de un pasado tan limpio e inmaculado del que no deba arrepentirse y confiar en el perdón de Dios. Por eso, siempre hay un futuro mejor si alzamos la mirada hacia nuestro Padre del Cielo que, despierto en su amor expectante, sueña nuestra alegre rehabilitación, como la del hijo pródigo regresando a la casa paterna. De ahí, que lejos de centrarse en los errores del pasado, el Papa ofreciera a sus oyentes razones de esperanza cara a un futuro en libertad y de reinserción social.

Después de agradecer la afectuosa acogida de todos, lo primero que hizo fue alentarlos, recordándoles que su dignidad personal había permanecido intacta, al margen de cuantos delitos y errores pudieran haber cometido. Y esto, porque la razón última de esa dignidad reside en Dios: “Todo ser humano es ‘digno’ por el mero hecho ‘de haber sido querido, creado y amado por Dios’ (cf. Magnifica humanitas, 52). No existe, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuanto bien o mal hayamos hecho.”

Si esa gran verdad conforma nuestra inteligencia y corazón, nunca nos faltarán luces de esperanza para emprender caminos de regeneración. Así haremos realidad los deseos del amor de Dios, que para cada uno sueña despierto un futuro mejor. El Papa les decía que esa verdad resultaba aún más válida y esperanzadora para ellos, por la situación de sufrimiento y lejanía de sus seres queridos en que se encontraban. Por eso, añadió: “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, “alzad vuestra mirada” hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía.”

Para seguir estimulando su esperanza, recordó lo sucedido a San Agustín, cuyos   deslices en su juventud, no fueron un peso imposible de superar: “Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.” En este momento del discurso los aplausos de sus oyentes resonaron con fuerza.

 La visita de León XIV a los penitenciarios de Brians 1, me ha recordado la de san Juan Pablo II a los reclusos de Rebibbia, en Roma, el 27 de diciembre de 1983. Allí se encontraba quien había atentado contra su vida; lo abrazó y mantuvo un encuentro personal. Y a una distancia de más de 40 años, la esencia del mensaje de los dos Vicarios de Cristo viene a ser sustancialmente idéntica, porque las verdades que ambos proclaman, al ser reflejos del amor de Dios, trascienden los muros del tiempo y de cualquier prisión.

Desde los dos recintos, las palabras y el corazón de uno y otro Papa parecían volar a los cuatro vientos. El Papa polaco, aquel 27 de diciembre, en plena Navidad y a las puertas de un nuevo año, decía: “La luz que nos trae la Navidad, es la estrella que conduce a los hombres como guio a los Magos; diría que los llevaba por caminos largos, (…) que conducen, al fin, a un punto seguro. Este punto seguro de toda realidad humana es Dios que, en Cristo, nos ha revelado que es Amor”. Y concluía deseando a todos “un año mejor que el que está para terminar. Será un año mejor si en nuestro corazón conseguimos dejar más espacio a Dios, que es amor”.

León XIV en su visita a Brians 1 nos ha dejado, como hemos visto, un mensaje similar. Ha reiterado que nos espera un futuro superior, porque «Dios te ama como eres, pero te sueña mejor.» La bola de esta verdad está en nuestro campo; el divino lanzador solo espera que la juguemos haciéndole sitio en el corazón y, con obras, demos respuesta en nuestra vida a la suya de amor.

José Antonio García-Prieto Segura en elconfidencialdigital.com                                                                                                                                                                                                               

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