‘La gracia nunca se pierde. Si tú no la aprovechas, irá a parar a otro; tú verás, pero me gustaría que la aprovecharas tú’
Algunos sucesos de actualidad suelen dar origen a los artículos que escribo. Testimonio de ello son todos los últimos que han visto la luz. Así, las pausas de hidratación del Mundial de fútbol, o la taimada presencia del demonio en Medjugorje, y no digamos nada el famoso eclipse de agosto, me han servido para unos comentarios siempre de carácter trascendente, tratando de elevar la mirada del lector.
En el último de todos, titulado “De Calcuta a la Amazonia ecuatoriana, pasando por Bilbao”, recogía los testimonios de dos jóvenes vascos que ofrecían idénticas experiencias, a raíz de un trabajo humanitario en países tan distantes como India y Ecuador. Y justo entre los múltiples mensajes recibidos de los lectores, Félix decía escuetamente: “Gracias D. José Antonio. ¡No pierde comba! ¡Me ha gustado el artículo!”.
Enseguida pensé que Félix acababa de darme el título y tema de este artículo. Por eso, siempre en línea con la dimensión trascendente que decía, y esta vez en sumo grado, le contesté: “Por cierto: quien pone y voltea la comba es el Señor, como bien sabes. Aprovecho para pedirte un Ave María y así, a una con Ella, Él no deje de poner y mover la comba.”
Como es sabido, este juego infantil tiene su divertido intríngulis para impedir que, con los saltos rítmicos del jugador, su cabeza y pies no se enreden ni tropiecen con la comba que gira de modo incesante alrededor de su cuerpo. Implica agilidad y destreza, ya sean uno o varios los niños que participen en el salto. Y no deja de producir alegría y contento en los pequeños al vencer una y otra vez, el desafío de la comba.
Se entiende así que este juego haya originado la expresión de “no perder comba”, para referirse a no desaprovechar las oportunidades que nos salen al paso en los incesantes retos y giros de la vida. Pero lo habitual no serán grandes desafíos sino pequeñas circunstancias que, aprovechadas con esfuerzo y cierto espíritu de sacrificio, nos mejoren humanamente. Si además somos cristianos y vivimos de fe, comprendemos que es Dios mismo quien, en última instancia, mueve la comba y nos ofrece esas oportunidades en lo ordinario de cada jornada.
Esta realidad la vemos refrendada por Cristo mismo quien, a propósito de aprovechar las llamadas divinas para mejorar nuestra vida, toma pie, precisamente, de los juegos infantiles. Eran llamadas que a veces podían antojarse muy exigentes, como las de Juan Bautista, y otras demasiado ancha manga. ¿El resultado?: que muchos judíos perdieron comba, rechazando unas y otras, los planes salvadores de Dios. Fue la situación denunciada por Jesús que un día se dirigió a sus oyentes con estas palabras:
“¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ’Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado cantos fúnebres, y no os habéis lamentado.’ Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene.’ Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.’ Y la Sabiduría se muestra por sus obras.” (Mt 11, 16-19). Perdieron comba.
Pensemos que Dios-Padre nos espera, como decíamos antes, en las circunstancias más corrientes y también en las extraordinarias de nuestra vida. En ningún momento dejamos de estar bajo sus cuidados paternos ofreciéndonosla gracia para santificar los más insignificantes quehaceres, sin perder comba. Y llegado el caso, también los eventos más inesperados y dolorosos que puedan acontecernos. Lo ilustraré con lo sucedido a José Esparza, un empresario del sector harinero en Lodosa, fallecido en 2018.
Lo conocí y nos tratamos algo hace muchos años. Ofrezco su propio testimonio tomado del libro “Luces desde Lodosa”, inspirado en su trayectoria vital como supernumerario del Opus Dei. Retrata su empeño de santidad a través de su tarea como esposo y padre de familia numerosa, de su trabajo profesional, de los compromisos sociales del municipio y de la comarca navarra donde vivió, y de las circunstancias más corrientes de su vida.
Pero deseo resaltar un suceso en los momentos últimos de su vida, en los que no perdió comba ante el sufrimiento extra que el Señor le envió. Vale la pena la cita larga tomada del mencionado libro. Ocurrió durante un ingreso hospitalario, al detectarle un tumor del que moriría. Dejo la pluma al autor de “Luces de Lodosa”:
“Una errónea práctica médica le produjo grandes dolores hasta el punto de que hubo que aplicarle morfina para aliviarlos. El joven médico, que luego comentó que al darse cuenta de lo ocurrido no pudo dormir esa noche, fue a verlo a la habitación y le explicó con detalle el problema que le había producido esos dolores. José no reconoció en ese momento al médico y le preguntó que cómo lo sabía, y éste confesó noblemente que él mismo había sido el causante, debido a una mala actuación.”
“Lo sorprendente fue a respuesta de José: ‘Pues te quedo muy agradecido. Sí, porque el Señor ha permitido esa equivocación, aunque fuera involuntaria. Y a mí me ha venido muy bien para purificarme más y ofrecer los dolores que sirvan para reparar’. Añadió que él mismo tampoco quería que le hubiera ocurrido eso, pero si el Señor lo había permitido, Él sabría por qué.”
“Unos días después, pidió que llamaran de nuevo al médico y, cuando se presentó, le dijo que se estaba acordando mucho de él y rezando para que aprovechara la gracia que le pudiera venir de Dios por los dolores que estaba padeciendo y ofreciendo a Dios por él. Y dejó caer un argumento que solía emplear, y que ya ha aparecido en estas páginas: ‘La gracia nunca se pierde. Si tú no la aprovechas, irá a parar a otro; tú verás, pero me gustaría que la aprovecharas tú.’” (Luces de Lodosa., pp. 160-161).
Está claro que José aprovechó esa inesperada gracia del Señor y pienso que, siguiendo su testimonio, también lo hizo el joven doctor. Y esto, no solo por el argumento y palabras de José tan claras, sino sobre todo por haberlas visto hechas vida en su paciente. Estimulante ejemplo para animarnos a no perder comba y ayudar a que otros muchos tampoco la pierdan.
José Antonio García-Prieto Segura en elconfidencialdigital.com
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