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La esencia del amor

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Escrito por Pilar Guembe y Carlos Goñi
Publicado: 29 Abril 2013
También nuestros hijos nos enseñan que hay más alegría en dar que en recibir

Familia actual

También nuestros hijos nos enseñan que hay más alegría en dar que en recibir, que el amor que se da es el que verdaderamente cuenta

      El amor entró en el mundo de la mano del amor maternal. Todas las formas de amar que hemos inventado son imitación y participación de ese amor primordial que es el que siente una madre por su hijo. Es el único amor puro, el único que no exige reciprocidad, el foco que alimenta todos los demás amores. Cuando amamos a nuestros padres, hermanos, amigos, pareja… lo hacemos por participación de ese amor maternal originario que recibimos gratuitamente. Sin él, el ser humano no habría aprendido a amar y se habría quedado atrapado en el instinto.

      La esencia del amor consiste en dar más que en recibir. Es algo que nos quiere demostrar la película de Jerry Zaks, La habitación de Marvin (1996). El anciano Marvin lleva más de veinte años postrado en su cama tras sufrir un ataque al corazón, ni habla ni puede valerse por sí mismo. Una de sus hijas, Bessie (Diane Keaton), se ha dedicado en cuerpo y alma a cuidar de su padre y de su tía Ruth, una anciana que no está muy bien de la cabeza. Pero a Bessie se le ha declarado una leucemia y llama a su hermana pequeña, Lee (Meryl Streep), que ante el panorama familiar había huido a Ohio para vivir su propia vida. Está separada y tiene dos hijos, uno de ellos adolescente, Hank (Leonardo DiCaprio), bastante problemático.

      Lee acude de mala gana al reclamo de su hermana con sus dos hijos, con la intención de regresar en cuanto haya encontrado una médula compatible. Pero Lee sufre una paulatina conversión. La

" target="_blank">escena con que culmina la película tiene lugar en la cocina. Bessie acaba de recibir la fatal noticia: no hay posibilidad de trasplante. Aturdida, abraza a su hermana y accidentalmente tira al suelo todas las medicinas preparadas para Marvin. Las dos hermanas se agachan para recogerlas y se produce este corto y profundo diálogo:

    Bessie: ¡Oh Lee! He tenido tanta suerte, he tenido tanta suerte de tener a papá y a Ruth. He tenido tanto amor en mi vida. Ahora miro atrás y veo que he tenido tanto amor.

    Lee: Ellos te quieren mucho.

    Bessie: No. No quiero decir eso, no, no. Me refiero al amor que yo he sentido por ellos, he tenido tanta suerte de haber podido sentir tanto amor por alguien.

      Lee piensa que su hermana es feliz porque, aunque le acaban de decir que se muere, ha recibido mucho amor en su vida; sin embargo, Bessie le rectifica: ella ha sido feliz porque ha amado mucho: a un viejo inválido y a una anciana loca. Eso ha llenado su vida, le ha dado sentido y se siente dichosa en medio de la adversidad. Le ha bastado amar para encontrar sin pretenderlo lo que su hermana pequeña se fue a buscar lejos: la felicidad.

      No sólo el cine, sino también nuestros hijos nos enseñan que hay más alegría en dar que en recibir, que el amor que se da es el que verdaderamente cuenta.

Pilar Guembe y Carlos Goñi

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