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Algunas esperanzas electorales

Escrito por: Pablo Cabellos Llorente
Publicado: 20 Noviembre 2011
Almudi.org - "Algunas esperanzas electorales"
La Jerarquía de nuestro país da pautas en busca "del mayor bien posible en este momento"

Levante-Emv

La Jerarquía de nuestro país da pautas en busca "del mayor bien posible en este momento"

      No ha tenido excesivo eco la nota publicada por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española para estas elecciones generales. Con oportunidad, evocaba unas palabras recientes del papa dirigidas al Bundestag alemán: «El cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho (...), la razón abierta al leguaje del ser». El apunte nos sirve a todos: a los que pasan por todo —olvidando su fe o la recta razón— y a los que confesionalizarían todo —sin comprender la libertad cristiana.

      A través de Facebook, me preguntaron cómo era posible que hubiese algunos fieles del Opus Dei militando en un partido político unido a Bildu. La respuesta es bien sencilla: nadie de la jerarquía católica ha dicho nunca que Eusko Alkartasuna sea rechazable desde la fe. Es más, la jerarquía de nuestro país nunca ha reprobado ni confesionalizado a partido político alguno. Da pautas en busca «del mayor bien posible en este momento». Recordaré algunas de ellas, porque las disposiciones legales no siempre son morales, como cuando el derecho se subordina al poder.

      Esa realidad lleva a nuestros obispos a rememorar ideas claras expresadas por Benedicto XVI en Madrid, refiriéndose a quienes «creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias».

      Partiendo de la viveza de esas premisas, la nota habla de opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, o de promover leyes que desvirtúan el sentido originario del matrimonio y la familia. No se es más moderno acogiendo estas opciones, porque la verdadera modernidad está en dar alcance al progreso sin hacer descarrilar lo natural, la ecología del hombre.

      Es razonable escribir sobre la crisis económica, que reclama soluciones diversas en orden a la promoción de la dignidad de las personas, particularmente de las más desasistidas; y a la vez, favorecer la libre iniciativa social en todos los terrenos con una particular referencia a la educación, de modo que no se lesione el principio de subsidiaridad del Estado ni el derecho que tienen los padres a elegir la educación que deseen para sus hijos. No es de recibo aceptar la libertad de educación pero, según qué modelo, "no con mi dinero". Sería gravemente discriminatorio y desfasado. Además, la enseñanza pública es más gravosa para el Estado acaparador. Busquemos el bienestar, pero es deseable una sociedad del bienestar y no un Estado del bienestar que, bajo capa de protección, aprisiona la libertad, asfixia la creatividad, mata la iniciativa.

      Señala la legitimidad moral de los nacionalismos que utilicen medios pacíficos para otra configuración social, así como la necesidad de tutelar el bien común de la nación española, evitando manipulaciones. Es diáfana la indicación de que, una sociedad que desee ser libre y justa, no reconozca, ni siquiera implícitamente, a ninguna organización terrorista, algo intrínsecamente perverso e incompatible con una visión recta y razonable de la vida.

Pablo Cabellos Llorente

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