Josemaría, cuando podía, se acercaba a la Catedral de la Asunción.
Sabía que dentro del Sagrario está Jesús escondido y que le agrada mucho que vayamos a visitarlo.
Josemaría le contaba muchas cosas a Jesús y le decía que tenía ganas de recibirle. Le pedía muchas cosas: por su familia, por la Iglesia, por el Papa, por los sacerdotes; por los enfermos, por los pobres y por la paz del mundo.
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