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Y te creías libre...

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La libertad sufre un retroceso notable, en paradoja con su general aprecio

Levante-Emv

El distanciamiento del hombre respecto a Dios comenzó con Adán y Eva, siguió con la muerte de Abel a manos de Caín, y luego con guerras y abusos de todo género hasta la fecha. La humanidad usa mucho el don de la libertad, pero no pocas veces lo hace Almudi.org - Pablo Cabellos Llorenteerróneamente.

Bastan cuatro pinceladas: las luchas de gladiadores, los desmanes de Atila, Hitler, Stalin o la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Y en una u otra medida, el mal uso del libre albedrío que todos hacemos, porque somos tan libres como débiles. Pienso que eso sucede más cuanto menos cerca estamos de Dios.

Trato de observar ese fondo común sin comparar las bárbaras acciones citadas y nuestras pequeñas o no tan pequeñas barbaridades. A lo que afirmo sobre Dios, se puede argüir con las guerras de religión. Diría que depende. Algunas fueron rechazo de agresiones injustas, y otras resultaron aún más injustas por haberse perpetrado precisamente en nombre de Dios. ¡No más guerras en nombre de Dios!, han clamado los últimos papas.

Además, la guerra no es el único flagelo que se abate sobre la humanidad. Siempre han existido gentes marginadas por sus semejantes, hubo mercados de esclavos vendidos peor que animales, hay racismo, xenofobia y maltratos en los hogares, se trafica con el ansia del drogadicto, hay políticos y negociantes corrompidos, existen muchos derechos humanos –nacidos con nosotros, anteriores a las mismas leyes– que son conculcados, aunque nuestro tiempo ha supuesto un gran avance en este terreno, así como la ciencia y la técnica. También ha prosperado la libertad.

Simultáneamente, parte de las ciencias empíricas y de las ciencias de la razón están negando y maltratando la misma noción de razón y libertad. Es triste oír hablar de ensanche de las libertades, casi todas referidas al sexo, la vida y la familia, realidades entrelazadas, y ahora banalizadas por costumbres y leyes que nada amplían.

Se incita al sexo como gozo, juego pasajero sin más sentido. La vida, valorada por el general rechazo a la guerra, es duramente castigada por el aborto, la eutanasia y la muerte embrionaria. Temas de Grecia y Roma antiguas, presentados como logros de la modernidad. La familia: entre el matrimonio desvirtuado, el sexo frívolo, la separación sexo-vida, la infidelidad publicitada como una moda, etc., nos han retrotraído a tiempos menos civilizados.

La libertad sufre un retroceso notable, en paradoja con su general aprecio. Por seguridad, estamos más vigilados. Filtraciones varias dejan a muchos –no importa el color– en una alarmante indefensión. Hablan de zonas España con menos libertad política. El pueblo participa poco en la cosa pública: la mayoría vota una lista cerrada y un programa quizá desconocido, planeado por pocos y tal vez incumplido.

La libertad de pensamiento apresada por el BOE o lo políticamente correcto, hasta demonizar opiniones legítimas. En la escuela, habría que ganar en subsidiaridad del Estado –no es el dueño de los alumnos–, en hacer real la capacidad de los padres para optar a un modelo educativo para sus hijos, evitar la arbitrariedad en la concertación de colegios, olvidando –y no es lo principal– que el Estado gasta mucho menos en la concertada que en la pública. Hay más para avanzar, porque somos mucho menos libres de lo que pensamos. Todos son temas morales.

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