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Desde la casa a la política

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El buen ciudadano comienza a formarse en casa y el responsable es usted

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“Todos debieran decirse: la historia de los pueblos va tal como las cosas van en mi casa. El Estado es tal cual ordeno yo mi pequeño dominio de influjo. Toda crítica debiera empezar por nosotros, en casa, y por cierto con la intención de mejorar”.

La frase es de Romano Guardini. De buenas y primeras uno tiende a simpatizar con ella. Intuitivamente, pareciera ser cierta. Veamos.

    No es Almudi.org - José Luis Widow Lirararo criticar la frivolidad de los políticos. ¿Y cómo andamos por casa? ¿Hay lecturas y conversaciones del matrimonio o de la familia —sí, con los hijos— sobre temas que vayan más allá de la última teleserie? Aun antes, ¿hay buenos libros y preocupación por crear momentos de convivencia familiar en los que sea posible la conversación? ¿O el rito es desde la puerta de entrada al televisor?

Si la respuesta a estas preguntas no es todo lo buena que cupiera esperar, entonces el político que usted critica perfectamente podría haber salido de su casa.

    ¿Se ha enseñado en su casa, con el ejemplo, la conversación y el consejo, que la felicidad personal se logra cuando cada cual logra olvidarse de sí mismo para ir al encuentro del bien del otro? ¿O sus hijos tienen su isla en su dormitorio del que se dignan salir para “servirse de” los bienes de la casa y no para “servir a” los otros habitantes de ella?

Si la respuesta a estas preguntas no es todo lo buena que cupiera esperar, entonces el político que usted critica perfectamente podría haber salido de su casa. Luego de haber vivido así cuando fue niño y joven, ¿es de extrañar que ahora vaya a “servirse de” la política y la sociedad para sus intereses personales, a veces, simplemente mezquinos en vez de ir a “servir a” sus compatriotas?

    ¿Ha habido en su casa formación intelectual, partiendo por usted mismo para luego seguir con su familia? ¿Conoce lo fundamental de la historia patria y universal con relativa profundidad y capacidad de juicio o se quedó con lo que le aportó Icarito? ¿Su fuente de información es History Channel o ha invertido dinero y tiempo en algún buen libro? ¿Lee literatura de valor universal o se limita a comprar el último best seller de moda del cual alcanza a leer el primer cuarto? ¿Algo, aunque sea poco, de ética, o sus juicios en esta materia están determinados por los vientos que soplan sin importar su dirección? ¿Su preocupación al pensar sobre los problemas morales es que no vayan a decir que es intolerante o intenta elaborar un juicio sensato que, aunque impopular, sea agudo y de en el clavo?

Si la respuesta a estas preguntas no es todo lo buena que cupiera esperar, entonces el político que usted critica perfectamente podría haber salido de su casa. ¿Por qué criticar a aquel político que se dedica a navegar en páginas vanas en vez de atender al debate legislativo si es lo que siempre hizo en su casa que podría haber sido, también, la de usted?

    ¿Se ha preocupado usted de educar la laboriosidad de sus hijos? ¿O son pasajeros de un hotel que exigen buena y oportuna comida, cama cómoda y dormitorio con una buena perilla de la que colgar un cartelito que diga “Don’t disturb”? ¿Cuándo fue la última vez que ayudaron en tareas de la casa o en labores del jardín? ¿Y cuándo se preocuparon por última vez de ayudar a sus hermanos pequeños en sus tareas del colegio?

Si la respuesta a estas preguntas no es todo lo buena que cupiera esperar, entonces el político que usted critica perfectamente podría haber salido de su casa y será aquel que evade su trabajo y se dedica a aquello que le atrae: ¿conspiraciones de pasillo? ¿cultivo de la imagen pública? ¿faranduleo?

    ¿Cómo se habla en su casa? ¿O el huevón, ph on, lo único que hace es huevear con la hueá? ¿Existe riqueza en el vocabulario y conocimiento de la estructura del idioma? ¿O el número del sujeto no calza con el del verbo, en el mejor de los casos? ¿Y junto con hablar, ¿se enseña a callar? No hay que desaprovechar nunca las buenas oportunidades para callar. ¿Usted lo hace y se lo enseña a sus hijos?

Si la respuesta a estas preguntas no es todo lo buena que cupiera esperar, entonces el político que usted critica perfectamente podría haber salido de su casa. Quizá aquel político que ha visto recientemente en la prensa causando problemas diplomáticos y que no pierde oportunidad para hablar, aunque sea para una rebuznada, podría ser hijo suyo y su verborrea producto de la educación que usted le dio.

En fin… podríamos seguir. Lo que hay que tener claro es que el buen ciudadano y el buen político comienzan a formarse en casa y el responsable es usted. Y si no lo hace, entonces no critique, al menos tanto…

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