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En torno al humanismo

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Escrito por Ernesto Juliá Díaz
Publicado: 23 Febrero 2012
Han vuelto a surgir intercambios de opiniones a propósito del contenido de esta palabra<br /><br />

ReligionConfidencial.com

El político ha de formar su conciencia para procurar hacer el bien en el ejercicio de su trabajo. Si toda la "conciencia" del político se reduce a seguir "a ciegas" las indicaciones de partido, lo más lógico es que acabe siendo un hombre "sin conciencia"

      Han vuelto a surgir intercambios de opiniones a propósito del contenido de la palabra "humanismo"; y es lógico, porque ese tipo de debates no se concluirán nunca. En cada momento histórico tendrán sus matices.

      Recientemente se ha hablado del "humanismo cristiano", en términos que no llegan a los de un verdadero debate cultural, sino más bien, a una pequeña controversia de partido político.

      ¿Qué significa en este contexto afirmar que un político quiere seguir el humanismo cristiano?

      El humanismo cristiano es el fruto de la acción de la Fe de los cristianos sobre las construcciones culturales de los hombres. Muchos no creyentes en la Santísima Trinidad viven, de hecho, los principios y las buenas razones de un humanismo cristiano que están al alcance de la razón inteligente de cualquiera.

      Humanismo cristiano es una realidad cultural que se caracteriza, a mi entender, entre otros detalles, por las siguientes notas:

      —una defensa de los derechos de la vida, desde la concepción hasta la muerte del ser humano;

      —una defensa clara  de los derechos del matrimonio entre hombre y mujer, y de la familia que ese matrimonio –y sólo ese matrimonio- origina, y que es el manantial de la vida humana;

      —una defensa clara de la libertad del hombre; una libertad que abarca también los planos de la conciencia, del pensamiento, de la creencia religiosa, de la educación.

      —una defensa del sentido de servicio de la autoridad: quien gobierna, en cualquier plano social está para servir el bien común de los demás.

      Se presupone que quienes se dedican a la política, tienen el buen deseo de servir a los ciudadanos con las mejores ideas que puedan desarrollar. Servir libremente, se entiende, sin querer imponen ningún modo especial de vivir ni de desarrollar la vida personal de cada uno, que eso no sería más que "ideología", y acabaría siempre en dictadura, en abuso de poder, como nos enseña la historia.

      «No podemos erradicar las bases cristianas de Europa del desarrollo de nuestras naciones, así como no se pueden eliminar las torres y pináculos de la vista de nuestras ciudades».

      Estas palabras no las ha dicho ningún obispo, ningún sacerdote, ningún político demócrata-cristiano, aunque pudiera haberlas enunciado, ciertamente. Las ha dicho la baronesa Sayeeda Hussein Warsi, ministra sin cartera del gobierno británico, de origen paquistaní, en su reciente visita al Papa. Ministra que, por cierto, es musulmana. Una musulmana que ha sabido agradecer el ejemplo del ministro paquistaní católico, Shahbaz Bhatti, recientemente asesinado por su empeño en conseguir en su país la libertad religiosa.

      El político ha de formar su conciencia para procurar hacer el bien en el ejercicio de su trabajo. Si toda la "conciencia" del político se reduce a seguir "a ciegas" las indicaciones de partido, lo más lógico es que acabe siendo un hombre "sin conciencia". Ejemplos, por desgracia, no faltan.

      En este contexto, humanismo cristiano no tiene una relación directa con la vinculación personal a la Fe, a la Iglesia. Es una convicción cultural de razón. Por eso, no parece lo más adecuado considerar que «es absolutamente improcedente proponer como base de una formación política la correspondencia a una convicción religiosa». Plantear así la cuestión es desconocer la verdadera realidad del problema.

      ¿Sería suficiente decir "humanismo", sencillamente? Es lo que se ha pretendido desde Rousseau hasta ahora en Europa; y los frutos están ahí: abortos, suicidios (de los que nadie quiere hablar); familias destrozadas; corrupción generalizada, desconfianza social, etc. etc.

      ¿Se puede construir alguna civilización, alguna cultura, sobre esos "restos"?

Ernesto Juliá Díaz

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