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Una (extraña) carta a los Reyes Magos

Escrito por: Antonio Argandoña
Publicado: 27 Diciembre 2016

Evelyn Waugh, en su libro ‘Helena. Emperatriz y Santa’ reproduce lo que yo he interpretado como ‘carta de Helena a los tres Reyes’

No es una carta pidiendo cosas, sino, ¿cómo diría?, resituando a los Reyes Magos. Bueno, tampoco es una carta, sino una reflexión personal que, cuando la leí, me hizo pensar. El escritor inglés Evelyn Waugh la pone en boca de la emperatriz Helena, la madre del emperador Constantino. Helena, cristiana, viajó a Tierra Santa; excavó alrededor del Calvario hasta encontrar la cruz en la que murió Jesucristo, y volvió cargada de cosas, de recuerdos… incluidos los ataúdes de los tres Reyes Magos. Waugh, en su libro “Helena. Emperatriz y Santa” (Barcelona, Edhasa, 2006, pp. 227-228) reproduce lo que yo he interpretado como carta de Helena a los tres Reyes, cuyos cuerpos traía en su barco.

“Como yo, tardasteis en venir [a Belén, a adorar al Niño Jesús recién nacido]. Los pastores, y hasta el ganado, llevaban ya mucho tiempo aquí y se habían unido al coro de ángeles mientras vosotros estabais en el camino”. Parece que esto les ocurre a muchos intelectuales. “¡Cuán laboriosamente vinisteis, tomando vistas y calculando, mientras los pastores corrían descalzos!”. La buena voluntad se agradece siempre: Dios siempre agradece lo que se hace por él, aunque sea con retraso. Quizás nosotros debemos ser un poco más comprensivos con los demás, ¿no? Llegan tarde, toman precauciones… es igual, démosles las gracias, sean bienvenidos.

Y cometen errores. “Al cabo llegasteis al fin de vuestra peregrinación y la gran estrella se detuvo sobre vosotros. ¿Y qué hicisteis? Os detuvisteis para visitar al rey Herodes. En vuestro fatal intercambio de cumplidos empezó aquella guerra no terminada del populacho y de magistrados contra el inocente”. Vale, el daño ya está hecho; Herodes ya ha empezado a darle vueltas a la idea de acabar con la vida de aquel Niño. Pero “con todo, vinisteis, y no os hicieron volver. También vosotros encontrasteis sitio ante el pesebre [donde estaba el Niño Jesús, aunque parece que, cuando llegaron los Magos, ya había accedido a una casa modesta en Belén]. Vuestros regalos no eran necesarios, pero fueron aceptados y puestos cuidadosamente porque fueron traídos con amor”.

¡Qué formidable mensaje de acogida, de reconocimiento, de buena voluntad hay en estas palabras! “A los ojos de la sagrada familia no erais menos que el buey o el asno [que según la tradición estaban en el establo junto a Jesús nacido]”. No hay acepción de personas: los pastores, primero; los reyes después, porque a todos les movía el amor. A los que el mundo llama “la elite”, Helena los pone en su sitio: gracias por venir, pero habéis llegado después de la gente sencilla. Pero, sí, gracias por venir.

“Vosotros sois mis patronos especiales y los patronos de todos los que llegan tarde, de todos los que han tenido que hacer un tedioso viaje para llegar a la verdad, de todos los confundidos con el conocimiento y la especulación, de todos los que a través de la cortesía comparten la culpa, de todos los que están en peligro a causa de su talento”. Claro: los Reyes Magos son, de alguna manera, representantes de todos los que, a través de la ciencia y la filosofía acaban aproximándose a la verdad, con esfuerzo, con sacrificio, con errores. Por eso Waugh los nombra patronos de los que vuelven, de los que sortean el difícil camino del pensamiento, entre la arrogancia, la superioridad, la superficialidad, la soberbia y la ofuscación… Me gusta.

Y acaba: “Por Él, que no rechazó vuestros curiosos regalos, orad siempre por los hombres cultos, oblicuos y delicados. ¡Que no se les olvide del todo en el trono de Dios cuando los simples entren en su reino!” Decididamente, Helena tenía una idea cabal de la igualdad. Y sabía poner a cada uno en su sitio, empezando por unos reyes, magos y santos. Pero que llegaron tarde. O, con otras palabras, los Reyes Magos, sabios y poderosos, no tienen un motivo especial para sentirse superiores. Me pregunto si esto se nos aplica también a nosotros…

Antonio Argandoña, en blog.iese.edu.

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