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  2. Los señores del anillo

Los señores del anillo

Escrito por: Pilar Guembe y Carlos Goñi
Publicado: 06 Febrero 2013
Almudi.org - "Los señores del anillo"
Sólo llenando a nuestros hijos de valores tendrán luz interior suficiente para vivir de forma trasparente

Familia actual

Sólo llenando a nuestros hijos de valores −honradez, veracidad, generosidad, justicia, respeto…−, tendrán luz interior suficiente para vivir de forma trasparente

      Últimamente van saliendo a la luz demasiados casos de corrupción política. Lo preocupante no es que se vean, sino que los haya, porque justamente los hay cuando no se ven. Es decir, que la corrupción en todas sus categorías, si es que en estos oscuros asuntos existen categorías, tiene que ver con la luz.

      Y tiene que ver con un anillo. Ese del que nos habla Tolkien y también Platón. Este último nos cuenta en su diálogo República el mito de Giges, un pastor lidio que encontró una sortija de oro que tenía la propiedad de hacer invisible a quien la portara. “Convencido ya de su poder –nos dice Platón–, al punto procuró que le incluyeran entre los enviados que habrían de informar al rey, y una vez allí sedujo a la reina y se valió de la sortija para matar al rey y apoderarse del reino”.

      Glaucón, uno de los participantes en el coloquio platónico, está convencido de que el poder de esa sortija quebraría las convicciones de la persona más honrada e íntegra. La invisibilidad que otorgaría el anillo nos convertiría en nuestros únicos jueces –pues nadie vería nuestras acciones–, seríamos superhombres y estaríamos más allá del bien y del mal; nos haría aprovecharnos de las circunstancias, seríamos corruptos por necesidad y todas nuestras convicciones, nuestra honradez y nuestra buena fe, se vendrían abajo como una torre de naipes por una ráfaga de viento.

      Sócrates, el interlocutor de Glaucón, tiene una ardua tarea por delante: convencerle de que existen personas íntegras que prefieren sufrir la injusticia antes que causarla, que, aunque fueran invisibles para el exterior, cuentan con un ojo interior que todo lo ve, su conciencia.

      Porque para una conciencia bien formada todo es trasparente, no hay engaño o disimulo que valga, su vista puede incluso atravesar el plomo –algo que no podía hacer todo un Superman–. Tanto ve lo que hacemos a la luz como lo que hacemos a oscuras, tanto oye lo que se grita como lo que se susurra, tanto percibe lo que se enseña como lo que se esconde. No hay anillo que la engañe, aunque tenga el poder de los poderes, el poder de la invisibilidad.

      Para que nuestros hijos lleguen a ser honestos –único antídoto contra la corrupción activa o pasiva– sólo tenemos que hacer que sean señores del anillo, dueños de sus actos, amos de sus decisiones. ¡Casi nada! Sí, pero en ello nos jugamos casi todo.

      Si les enseñamos a portarse bien solo cuando hay invitados, a disimular, a engañar, a intentar quedar bien por encima de todo; si no damos importancia a las pequeñas mentirijillas, a los inocentes hurtos, a haber copiado en un examen; si solo valoramos lo tangible, los resultados, lo que hacen y no lo que piensan o sienten; si despreciamos a los que llegan segundos, a quien tiene menos, al que no ha conseguido triunfar, etc., etc. será muy difícil que nuestros hijos sean señores del anillo.

      Sólo llenándoles de valores –honradez, veracidad, generosidad, justicia, respeto…–, tendrán luz interior suficiente para vivir de forma trasparente. Ese señorío les posibilitará ser felices tanto en días claros como en noches oscuras, les permitirá obrar bien tanto a plena luz como en el rincón más recóndito, les hará siempre visibles aunque sean invisibles, porque ellos serán los señores del anillo.

Pilar Guembe y Carlos Goñi

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