Almudi.org
  • Inicio
  • Libros
  • Películas
    • Estrenos de CINE
    • Estrenos de DVD - Streaming
    • Series de TV
  • Recursos
    • Oración y predicación
    • La voz del Papa
    • Infantil
    • Documentos y libros
    • Opus Dei
    • Virtudes
    • Kid's Corner
  • Liturgia
    • Misal Romano
    • Liturgia Horarum
    • Otros Misales Romanos
    • Liturgia de las Horas
    • Calendario Liturgico
    • Homilías de Santa Marta
  • Noticias
  • Almudi
    • Quiénes somos
    • Enlaces
    • Voluntariado
    • Diálogos de Teología
    • Biblioteca Almudí
  • Contacto
    • Consultas
    • Colabora
    • Suscripciones
    • Contactar
  • Buscador
  • Noticias
  • Hablar no es un lujo, es una necesidad

Hablar no es un lujo, es una necesidad

  • Imprimir
  • PDF
Escrito por Jaime Nubiola
Publicado: 06 Mayo 2013
Hay necesidades humanas muy profundas cuya satisfacción puede llegar a crear verdaderas obras de arte

filosofiaparaelsigloxxi.wordpress.com

Necesidades humanas muy profundas cuya satisfacción puede llegar a crear verdaderas obras de arte

      Me impactó el comentario incidental de Christel Fricke, una magnífica filósofa alemana que enseña en la Universidad de Oslo: “Me gusta el lujo, pero no lo necesito”. Era una deliciosa tarde primaveral, mientras tomábamos una copa de vino blanco en una terraza del Parque Yamaguchi en amable conversación con la profesora chilena Alejandra Carrasco. No recuerdo el contenido de aquella conversación en la que despedía a las dos colegas invitadas, pero tomé nota del comentario porque me pareció que reflejaba bien la grata situación y, además, expresaba de una manera sencilla algo muy profundo de los seres humanos.

      Venía esto a mi memoria —quizás como en contraste— en una reciente comida en lujoso restaurante de Pamplona con un compañero de la adolescencia con quien no hablaba desde hacía cuarenta años. Estábamos ambos emocionados por el reencuentro y más interesados en contarnos nuestras vidas que en la excelente comida que nos sirvieron. El prestigioso restaurador —como ahora se les llama a quienes llevan esos establecimientos afamados— acudía a nuestra mesa a explicarnos los detalles de cómo se habían preparado los deliciosos platos que comíamos, pero lo que realmente atraía nuestra atención era el escucharnos mutuamente. Para mí lo mejor de una comida es siempre la conversación.

      Comer con un poco de hambre es un placer, morir de hambre una tortura, comer sin hambre una desgracia. La gastronomía aspira a multiplicar ese placer mediante la sofisticación y el refinamiento dándonos a probar alimentos exquisitos o cuidadosamente cocinados. Como Babette en el banquete a los puritanos daneses que relata maravillosamente Isak Dinesen. La cocinera francesa invierte todos sus ahorros en una espléndida comida que devuelve el calor al espíritu de aquellos que la habían acogido y que culmina con discursos y abrazos emocionados.

      “Quien come solo muere solo” dice un sobrio proverbio kikuyu. No me gusta a mí comer, ni menos aun comer solo. La filósofa británica Susan Haack me contó que en su adolescencia llegó a pensar que comer era una penosa función fisiológica que había que asumir inevitablemente y que no requería particular atención. Hasta que a los 16 años estuvo un verano como au pair en Normandía y descubrió allí que la familia francesa que la acogía dedicaba una hora al mediodía a comer y otra hora por la noche a cenar cosas exquisitas aunque fuesen sencillas. Y además durante esos ratos —recordaba— solían hablar casi siempre de comidas. Para ella, acostumbrada a las insípidas comidas inglesas tantas veces en silencio, aquello fue todo un descubrimiento.

      La amable conversación hace más gratas las comidas. Hace años en el babero que se ponía a los niños en España a la hora de comer figuraba a veces el letrero “Come y calla”. Ahora habría quizá que poner a todos uno de “Come y habla” o —todavía suena mejor— “Come y charla”: así se apagarían las televisiones, se desconectarían los auriculares, los teléfonos móviles y todos los demás interruptores para poder disfrutar de la conversación a la hora de comer. No basta con eliminar los ruidos que distraen, sino que además es preciso, como saben hacer los buenos anfitriones, acertar en la disposición de los comensales en la mesa de modo que la conversación resulte más fácil y fluida, sin molestos conflictos ni silencios embarazosos.

      Comer es necesario, comer con otros es una expresión de nuestra socialidad, escucharnos unos a otros también. No son un lujo, son necesidades humanas muy profundas cuya satisfacción puede llegar a crear verdaderas obras de arte.

Jaime Nubiola

  • Anterior
  • Siguiente

Colabora con Almudi

Quiero ayudar
ARTÍCULOS
  • Breves reflexiones sobre Dios y su experiencia
    Antonio Jiménez Ortiz
  • Totalitarismo y libertad individual. Las contradicciones políticas de la tecnología
    Miguel Saralegui
  • El acompañamiento familiar, un reto cultural para nuestro tiempo
    Montserrat Gas Aixendri
  • Historia contemporánea de la Iglesia en África
    Fidel González-Fernández
  • La dimensión social de la caridad: integración de los emigrantes y refugiados
    Pablo García Ruiz
  • El prejuicio en la mentira política. Una mirada desde la injusticia epistémica
    Alicia  Natali Chamorro Muñoz
  • Una interpretación de los tres primeros capítulos del Génesis II
    Romano Guardini
  • Una interpretación de los tres primeros capítulos del Génesis I
    Romano Guardini
  • María en la tradición protestante La inquietud, una manera de encontrarse con la sabiduría ignorada de María
    Blanca Camacho Sandoval
  • La libertad humana, don de un Dios que es Padre (en torno a una homilía San Josemaría Escrivá)
    Mónica Codina
  • El mal moral y la persona humana
    Eudaldo Forment Giralt
  • Cultura escolar y resistencias al cambio
    Joaquín Paredes Labra
  • ¿Por qué el hombre occidental se odia a sí mismo?
    Rémi Brague
  • El concilio ecuménico Vaticano II: características de la recepción de un concilio singular (VaticanoII_II)
    Joaquín Perea González
  • El concilio ecuménico Vaticano II: características de la recepción de un concilio singular (I)
    Joaquín Perea González
MÁS ARTÍCULOS

Copyright © Almudí 2014
Asociación Almudí, Pza. Mariano Benlliure 5, entresuelo, 46002, Valencia. España

  • Aviso legal
  • Política de privacidad