La conciliación de la vida personal, familiar y laboral se ha visto gravemente comprometida en las últimas décadas por nuevas adicciones, al móvil fundamentalmente

Ahora que se acerca el Día del Padre, recuerdo un breve anuncio que ofrece un interesante punto de vista sobre la paternidad, entendida como la función del padre.

Lo primero que impacta es la letra de la famosa canción Hero (Héroe), de Family of the Year, parte de la banda sonora de la película Boyhood:

“Déjame marchar… no quiero ser tu héroe… Tu farsa: no quiero formar parte de tu desfile… uno merece la oportunidad de caminar con todos los demás…”

Se trata de un hijo que ve cómo su padre no da tres balonazos con él sin interrumpir el juego por una llamada de móvil que se eterniza. Un padre que no desconecta del trabajo nunca. Son temas que vivimos frecuentemente. La conciliación de la vida personal, familiar y laboral se ha visto gravemente comprometida en las últimas décadas por nuevas adicciones, al móvil fundamentalmente. Varios estudios recientes confirman que a través de este aparato atendemos no solo llamadas, también contestamos emails, navegamos por internet y estamos en todas las redes sociales posibles. El ordenador ha quedado desplazado porque el móvil en el bolsillo va a todas partes con nosotros, apropiándose de nuestras vidas.

Escribe la pedagoga Elena Roger Gamir: “Estar inmersos en el día a día nos impide mirarnos desde fuera y ver qué aspectos de nuestra vida deberíamos cambiar para ser los mejores padres/personas posibles. Lo peor es que en muchas ocasiones creemos que son nuestros hijos los que deberían cambiar y nuestros hándicaps se vuelven invisibles para nosotros… Cuando no afirmamos que hemos cambiado porque ellos nos han obligado a cambiar…, con cierta acritud en el tono…”. (Ver artículo completo aquí)

Hay un tercer personaje en el vídeo que observa de manera activa: el abuelo, que además de hijo también es padre. Pone ante el nieto la realidad de lo que su padre fue de pequeño: un niño como él. Lo está preparando para perdonar la desatención de su padre, porque nadie nace sabiendo. Tampoco padres y madres. Por eso, cuando el abuelo les deja las viejas cajas del Scalextric, el padre comprende y se deja llevar, abajándose hasta la altura de su hijo. Se tiran al suelo para jugar, mientras el móvil suena y suena, siendo, por fin, ignorado.

Todavía hoy hay un salto generacional enorme entre abuelos y nietos. Hay una diferencia de contexto socio-tecnológico evidente. Aún hoy los abuelos tienen mucho que aportar a unos padres que han olvidado lo que es dedicar el fin de semana a jugar con los hijos, sentarse con ellos en el sofá a leer cada uno su libro, pasear o hacer deporte juntos sin tecnologías que interrumpan. Siendo reactivos, siempre hay excusas para la tecnología. Busquemos y encontremos contra-excusas y… ¡escuchemos a los abuelos!

No quiero acabar el post sin recordar también el momento en que padre e hijo intercambian sus roles.  Este vídeo recoge el momento en que el hijo debe empezar a hacerse cargo de su padre ya mayor. Ojalá sea con el mismo cariño que él le dedicó en sus primeros pasos y sus primeras letras:

¡Felicidades a abuelos, padres e hijos!

Hijos, disfrutad de vuestro padre mientras podáis…

Nuria Chinchilla, en blog.iese.edu.