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El mejor regalo posible

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Escrito por Marta Gándara
Publicado: 27 Octubre 2017

Todos tenemos la posibilidad de ser especiales haciendo lo mismo que hacen los demás, pero de una manera diferente..., sin golpear

Creo que existen segundos que convierten a una persona en un acierto. Recuerdo que lo pensé la primera vez que vi "Los Puentes de Madison". Hay una micro-secuencia perfecta en esa película y no es la lluvia, ni el baile, ni las cervezas. Es el segundo en el que Clint Eastwood acierta, ¡cerrando una puerta!

Me encanta ese momento, porque evidencia la posibilidad que todos tenemos de ser especiales haciendo lo mismo que hacen los demás, pero de una manera diferente..., sin golpear. Clint Eastwood se convierte en el hombre perfecto en el segundo en el que cierra la puerta y ella no escucha el golpe que espera. Su sonrisa en esa escena lo dice todo.

Criticamos muchas veces la violencia en mayúsculas, la que leemos en los periódicos y en poco o en nada nos afecta. Pero también hay violencia en un portazo y en el desdén con el que tratamos a los que no están de acuerdo con nuestras certezas, con nuestros gustos, con nuestros sueños. De esa violencia hablamos menos porque nos afecta más, porque ahí somos nosotros los protagonistas del error y eso cuesta reconocerlo.

A veces ponemos mucho esfuerzo en hacer feliz a una persona, pero me pregunto si realmente la dejamos ser feliz. Quizá pensamos que tenemos en nuestra mano la fórmula mágica o empeorando la hipótesis, creemos que sólo lo conseguirá a nuestro lado y con las mismas cosas que a nosotros nos hacen felices. Convertimos devociones y aficiones propias en una obligación para los demás.

En realidad, muchas veces es suficiente con sentarse al lado de una persona para saber cómo se siente, para comprender que ella sólo cree que está haciendo lo mejor. Escuchar a los demás, entenderlos, aprender que sus dificultades no son más grandes ni más pequeñas que las nuestras, sólo tienen un tiempo y un espacio distinto, un contexto diferente. No querer "arreglarles" la vida con nuestra forma de verla.

Ya nunca le decimos a nadie ¡qué bueno que existas! Así, sin más. Un te apruebo sin cambios, sin ticket regalo, sin peros. Quizás ese sería el mejor regalo posible: unas cuantas palabras exactas, un querer estar y quedarse, un decirlo muchas veces y otras muchas, sólo compartir el silencio

Marta Gándara, en gondarvigo.org.

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