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  2. Esos locos bajitos

Esos locos bajitos

Escrito por: Pilar Guembe y Carlos Goñi
Publicado: 05 Noviembre 2013
Almudi.org - "Esos locos bajitos"
Los asuntos del mundo son demasiado frágiles, por eso tenemos que tratarlos con ternura, algo que aprendemos de los niños

Familia Actual

Gracias a ellos aprendemos que pocas cosas son “nuestras” en realidad, que a veces la excesiva cordura nos vuelve locos, que sólo haciéndonos pequeños logramos cosas grandes

      “Esos locos bajitos”: así llamaba Miguel Gila a los niños. El genial humorista del teléfono, que tan bien conjugaba la ironía, el absurdo y la ternura, no podía menos que utilizar esas tres palabras. El toque irónico está en el determinante “esos”, que sitúa lejos a los que no pueden estar más cerca, ya que son “nuestros” hijos; lo absurdo lo pone con el sustantivo “locos”, pues ellos no lo están, sino que nos vuelven locos a nosotros, y la ternura radica en ese diminutivo (“bajitos”) que nos hace ponernos de rodillas para abrazarlos, gatear con ellos en la alfombra y hacer las mil y una carantoñas cuando nos dirigimos a un bebé (lo que el también humorista Luis Piedrahita ha bautizado recientemente como “imbebecilidades”).

      Los bebés y los niños, “esos locos bajitos”, nos vuelven locos, nos llenan de alegrías y de preocupaciones, nos hacen reír y llorar, nos exigen recordar los cuentos de la infancia, nos obligan a madurar y a envejecer, nos invitan a ver el mundo desde otra perspectiva, nos bajan los humos, nos suben las miras, nos sacan de nosotros mismos y nos ayudan a recuperar la ternura, esa virtud que hemos ido perdiendo a base de ganar en seguridad, en seriedad, en dureza.

      Estos días hemos podido contagiarnos de esa virtud, tan necesaria en los tiempos que corren, gracias a dos vídeos que circulan por Internet. En el primero, somos testigos de cómo un bebé se emociona al oír cantar a su mamá (

) y en el segundo, vemos atónitos a un niño que interrumpe al Papa, lo abraza y ocupa por un momento su cáthedra (ver).

      En el primer vídeo, la ternura brota torrencial como las lágrimas de un bebé capaz de llorar de alegría. Algo tan simple, tan íntimo y tan real como la canción que una madre canta a su hijo resume todo el misterio del amor. Nadie puede dar una definición más perfecta, tanto que no hay nadie que, viendo el vídeo, no la comprenda.

      En el segundo, la ternura es un aroma, toda la escena lo es. El niño abraza al Papa, y el Papa acaricia su cabeza. Alguien que sabe que ningún niño se resiste a una chuchería, intenta disuadirlo con un caramelo, pero ¡qué hay más dulce que estar junto al papá con mayúsculas! El niño gesticula, se mueve, quiere ser protagonista, y lo es, y se sienta en el asiento papal como para reivindicar que quien lo ocupa debe hacerse como un niño. (Y con su infantil presencia nos explica el Evangelio: dejad que los niños se acerquen a mí, el niño perdido y hallado en el templo, el que acoge a uno de estos pequeños, si no os hacéis como niños, estos son mi madre y mis hermanos…).

      Gracias a “esos locos bajitos” aprendemos que pocas cosas son “nuestras” en realidad, que a veces la excesiva cordura nos vuelve locos, que sólo haciéndonos pequeños logramos cosas grandes. Los asuntos del mundo, aunque parezca lo contrario, son demasiado frágiles, por eso tenemos que tratarlos con ternura, algo que aprendemos de los niños.

Pilar Guembe y Carlos Goñi

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